Así se refiere H. Frankfort, en su obra La religión del Antiguo Egipto, sobre la diosa Maat, divinidad tradicionalmente relacionada con las ideas de verdad y justicia. Sin embargo, Maat es mucho más que eso, ya que resulta un concepto omnipresente en la mentalidad de la élite egipcia ya desde el origen de esta civilización, noción que además constituye uno de los ejes fundamentales sobre los que se vertebra toda su cosmovisión, su forma de comprender el mundo.

Para captar la importancia de Maat en la historia de Egipto, es preciso en este momento relacionar a la diosa con la monarquía faraónica y el concepto de permanencia. Aquello que para el hombre occidental crea la historia, el encadenamiento de una serie de sucesos y circunstancias, carecía de toda importancia para la mentalidad de la élite egipcia y, por tanto, en mayor o menor medida también para el conjunto de la población. Donde nosotros observamos un mundo dinámico, para los antiguos egipcios el universo y la sociedad eran captados como algo esencialmente inmutable, permanente y estático. Esta visión implica que el único suceso realmente significativo fuese el momento de la creación.

Las fuentes textuales refieren como acto primordial del creador el establecimiento del orden cósmico o Maat que posibilita la creación del universo, surgido del caos. Y al faraón, como ser semi-divino y sucesor del creador, compete que el orden y la justicia permanezcan firmemente establecidos sobre la tierra. Fue una de las funciones principales de la monarquía faraónica. Cualquier acto con carácter público por parte del faraón (1) se dirigía a la reinstauración del orden. Esta idea, que permite una primera aunque difusa aproximación a la dimensión tanto cosmológica como ético-social que implica Maat, se mantuvo prácticamente invariable a lo largo de los más de tres mil años de historia de Egipto, al parecer ya desde tiempos predinásticos. De aquí su vital importancia para la comprensión de la historia del Estado faraónico puesto que, según indica J. Assman en su obra Egipto. Historia de un sentido,  fue uno de los pilares básicos sobre los que se fundó la legitimidad y la permanencia de la monarquía faraónica.

Qué es Maat. Una primera aproximación al concepto

El vocablo maat suele ser traducido, en diversos manuales y diccionarios de lengua jeroglífica, como justicia o verdad (2). Pero, aunque ambos conceptos se encuentran evocados por esta noción, la realidad es que no alcanzan a abarcar la gran complejidad de significados y la profundidad que implica un constructo ideológico que se encuentra en la base de toda la cosmovisión egipcia. Para H. Frankfort significa “el orden justo” (3); E. Hornung se refiere a “la justa medida” (4); J. Assmann, a la “justicia conectiva” (5); J. C. Moreno indica que “posee los significados de justicia, armonía cósmica, equilibrio, paz y orden” (6). Otros autores agregan otros significados, tales como luz, vida, ecuanimidad, integridad, rectitud moral, ley divina o energía de la creación.

Puede resultar extraño, para la mentalidad del hombre y la mujer occidentales, que a partir de un único término pueda evocarse una tan amplia dimensión de significados distintivos, algunos de los cuales pueden resultar incluso paradójicos cuando se perciben por separado. Pero es ahí donde radica el problema, precisamente en la mentalidad y la ontología, en la forma radicalmente diferente de percibir la realidad por parte de los integrantes de la cultura del Antiguo Egipto y en general por la práctica totalidad de las culturas del Mundo Antiguo, exceptuando hasta cierto punto los periodos denominados clásicos de la civilización greco-romana. De ahí que, como indica Susana Alegre por boca de H. Frankfort en su tesis Iconografía de Maat, resulta imposible una traducción fidedigna del término, debido a la gran distancia entre la mentalidad egipcia y la nuestra (7). Cabe interrogarse, entonces, sobre la mencionada diferencia.

Allò que diferencia els grecs i els romans de la resta de pobles antics és l’adveniment del pensament racional, del discurs lógico-filosòfic i científic, que va tenir lloc a l’Egeu a partir del segle VI a.C.

En la oposición entre mito y logos Josep Cervelló (9), refiriéndose a su ontología, define una distinción entre culturas de discurso lógico (10) y culturas de discurso mítico o integrado donde, en primera instancia, la diferencia fundamental se refiere a su hecho religioso. Mientras que las civilizaciones de discurso lógico se fundamentan en el progreso económico y el avance tecnológico en el interior de una cosmovisión donde prima la visión del cambio, aquellas otras de discurso mítico se encuentran permeadas por la religión, por la noción de lo sagrado, donde lo sagrado define toda su estructura ideológica. J. Cervelló, apoyándose en las tesis del antropólogo e historiador de las religiones Mircea Eliade (11), define tres características distintivas del discurso mítico-religioso frente al discurso lógico-científico:

  • Repetición frente a singularidad: Mientras que para las civilizaciones de discurso lógico la historia está compuesta por una serie de acontecimientos singulares que se suceden linealmente en el tiempo, para el discurso mítico este devenir de los acontecimientos carece de sentido, es lo que ellos denominarían tiempo profano, carente de toda realidad. En una cultura de discurso mítico sólo goza de auténtica realidad aquel acto que repite una acción trascendente, aquel objeto que reproduce un arquetipo. El momento más cargado de potencia es el instante de la creación del cosmos y del ser humano (12), siendo éste un tiempo sagrado que debe repetirse periódicamente para mantener la ley y el orden cósmico en el mundo, regenerando mediante actos rituales ese momento crucial, que actualiza y restablece las energías internas del individuo que participa de él, pero también del colectivo donde vive y de la misma naturaleza.
  • Integración frente a clasificación: El discurso lógico busca la realidad objetiva de la naturaleza, clasificándola y subdividiéndola en partes diferenciadas que se estudian por separado. En cambio, el hombre de discurso mítico vive en un mundo donde todo está interconectado, donde cualquier acción que afecte a una de sus partes afecta al Todo donde se integra. Es más, la interacción entre hombre y naturaleza es necesaria para la vida y buena marcha de ambos.
  • Multiplicidad de aproximaciones frente a linealidad: Cualquier texto o codificación religiosa perteneciente a una sociedad de discurso mítico está cargado de símbolos, de imágenes que permiten expresar la complejidad de la realidad que se está evocando, por ejemplo una divinidad. Y estas realidades complejas pueden expresarse a la vez por multitud de símbolos, lo que puede provocar en nuestra mentalidad occidental la sensación de hallarnos ante aparentes e indescifrables paradojas. El discurso lógico describe las realidades mediante una yuxtaposición de secuencias interconectadas lingüística y lógicamente, mientras que el discurso mítico funciona por múltiples aproximaciones simbólicas.

Es en virtud de esta última característica de las culturas de discurso mítico, la multiplicidad de aproximaciones o poliocularidad, cuando cobra sentido la diversidad de significados que pueden asociarse al concepto Maat. Los sistemas religiosos mito-poéticos, entre los que se halla el egipcio, no son caóticos, ilógicos ni contradictorios (13), sino que cualquier realidad, en este caso Maat, puede definirse desde una multitud de enfoques muy diversos, ilustrando cada perspectiva uno de esos variados aspectos. Me centraré en este momento en describir brevemente algunos de esos significados evocados por el término Maat:

  • Orden cósmico: En su aspecto de orden cósmico, Maat constituye la esencia de la propia creación, es el orden generado por la divinidad creadora en el inicio de los tiempos, una parte integral del universo, un aspecto inseparable e imprescindible del mismo, aquel que posibilita la constante renovación de la vida. En opinión de S. Alegre (14), también el orden social se integra en el interior del orden cósmico y, por este motivo, Maat adquiere un carácter inmovilista que implica que atentar contra el orden social signifique también transgredir el orden mismo del universo.
  • Justicia y verdad: La justicia terrenal se regía por Maat y el poder jurídico se encontraba sujeto a la moral como emanación de ella. Una de las tareas principales del faraón, quien ostentaba la prerrogativa de constituir el único legislador legítimo, constituía la defensa de Maat, en este caso comprendida como justicia, en la tierra.
  • Armonía y equilibrio: Como principio de armonía, Maat mantiene en permanente equilibrio dinámico la dualidad de fuerzas opuestas, orden y caos personificados en los dioses Horus y Seth (15), haciendo posible que la vida se manifieste en todos los ámbitos de la naturaleza.
  • Energía de la creación: Maat era considerada hija o semilla de la divinidad creadora, otorgando de esta forma vida al universo.
  • Vida: S. Alegre explica que “es frecuente que los textos afirmen que Maat es la respiración y aliento de los dioses, lo cual indica que Maat era necesariamente la esencia de la vida misma” (16).

Origen de Maat

La primera mención conocida se remonta al periodo Dinástico Temprano, concretamente al Nombre de Horus (17) del faraón Sekhemib Perenmaat, a quien S. Alegre identifica con el rey Peribsen (18), de la II Dinastía. En opinión de la autora, que el término Maat se halle incluido en el nombre de un rey tan antiguo indica que el concepto realizaba ya en ese momento una función legitimadora de la monarquía. También de la II Dinastía es el rey Khasekhem(wy), cuya esposa Nyhepetmaat (19,) evoca uno de los contextos en los que Maat jugó un papel relevante a lo largo de toda la historia egipcia, el de timonera de la Barca Solar del dios Re. Por tanto, ya existía como concepto plenamente integrado en la mentalidad y la religión de la élite egipcia de ese periodo.

No existe ninguna mención anterior, ni textual ni iconográfica, que permita afirmar categóricamente su existencia antes de la II Dinastía. Pese a ello, muchos egiptólogos suponen el origen de Maat en un antiguo jeroglífico geométrico considerado una estilización de la medida básica egipcia referida a la longitud, el codo (20). Me refiero al término mAa, transliteración del jeroglífico  , término traducido como rectitud, veracidad, bondad, equidad, ajustamiento, equilibrio, orden cósmico, justicia, verdad. Todos ellos conceptos asociados luego a Maat. En palabras de S. Alegre, “el hecho de que el signo  fuera la base del trono, símbolo del poder por excelencia, era una clara metáfora de que la base del poder no es otra cosa que Maat” (21).

Figura 1: Maat estilizada. Dibujo de A. Brodbeck según N. de G. Davies, The Mastaba of Ptahhetep and Akhethetep at Saqqareh, 1990, lám. IV, 13; en Hornung, 1999, p. 74

Sin embargo el concepto de armonía y orden cósmico, asociado al poder como elemento legitimador del orden social, es mucho más antiguo y trasciende los límites de la civilización egipcia. Pese a que tradicionalmente la egipcia se consideró como una cultura oriental o mediterránea, hoy en día ya se encuentra plenamente aceptada su contextualización africana. Y como perteneciente al complejo cultural africano ancestral, comparte una serie de características con el resto de culturas de su entorno. Es lo que J. Cervelló denomina “sustrato”:

“’Sustrato’ es una realidad a la vez diacrónica y sincrónica: es la base (en términos diacrónicos) y la esencia (en términos sincrónicos) de una civilización en relación con otras civilizaciones, es decir, de un conjunto de civilizaciones que en él se explican y por él explican su afinidad.” (22)

En otras palabras, el sustrato significa un acervo cultural común, un sistema de referencias y conjunto de valores colectivos compartidos y, en definitiva, un mismo universo cultural. Y en el caso del sustrato cultural pan-africano, una de sus características definitorias es la existencia de una realeza divina legitimada en base a una función determinada, el mantenimiento del orden y el equilibrio cósmico. Orden cósmico que debe comprenderse en su sentido natural, pero también social, ya que en el imaginario africano ambos aparecen integrados en el interior de una dialéctica orden-caos. Y en esta integración se define otra de las principales características de las sociedades africanas, su profundo conservadurismo frente a cualquier cambio que pueda dañar el orden universal. El cambio es asociado a un caos desestabilizador siempre acechante y por ello el rey, en virtud de su esencia divina y como intermediario entre el cosmos y la sociedad humana, se presenta como garante del orden inmutable del universo.

Pese a que en el contexto africano algunos reyes no detentaban el poder político y militar, indica J. Cervelló que su función cósmica se remonta al Periodo Neolítico y las transformaciones en la experiencia religiosa que implicó la sedentarización (23). Por este motivo, pese a que la personificación de Maat en una divinidad concreta asociada al rey egipcio no pueda rastrearse hasta la II Dinastía, el concepto existía ya en tiempos del Egipto Predinástico. Sin embargo, autores como F. Iniesta consideran las raíces saharianas de la diosa Maat, cuyo nacimiento como personificación vería la luz con el advenimiento del Egipto unificado:

“ su despliegue en plenitud solo era posible bajo un orden político estable, compensado y, sin duda, armonioso: la victoria bélica de Narmer con la entronización del nuevo dios viviente llegaba también la confirmación del predominio de Maat en todo Kémit.” (24)

En el ámbito iconográfico Maat no aparece como divinidad antropomorfa hasta el Reino Antiguo, en forma de ideograma utilizado como determinativo de su nombre. La encontramos en las tumbas de algunos funcionarios judiciales y de los denominados como Profetas de Maat (25). Esto implica, en opinión de S. Alegre (26), la existencia de un culto consolidado a la diosa, aunque éste sólo puede verificarse a partir de la IV Dinastía, momento en que Maat pasó a convertirse en una de las divinidades protectoras del Estado egipcio. Y no es hasta la V Dinastía cuando se la encuentra ya plenamente configurada, en la forma de una mujer estilizada (27) portando un tocado con una pluma de avestruz y sujetando el cetro uas (28), como resultado de su vinculación al culto solar, cuyo creciente éxito propició la eclosión de Maat y el progresivo protagonismo de su culto. En la VI Dinastía este ideograma fue sustituido por aquel otro considerado como la más clásica representación de la diosa, donde ésta aparece sentada con las rodillas dobladas.

En cuanto a las referencias textuales más antiguas, éstas pueden hallarse en los Textos de las Pirámides del rey Unas a finales de la V Dinastía. Por ejemplo, en la fórmula 260 leemos:

For judgment between orphan and orphaness has been made for Unis, the Dual Maat (30) Heard (the case), Shu was a witness, and the Dual Maat commanded that Geb’s thrones serve him, that he raise himself to what he wanted” (31)

También se hace referencia a Maat en las Enseñanzas de Ptahhotep (31), visir del faraón Djedkare / Isesi, penúltimo rey de la V Dinastía, pese a que los papiros más antiguos conservados se remontan al Primer Perido Intermedio (32):

“La justicia” “es grande y su eficacia perdura. No ha sido alterada desde los tiempos de Osiris.” (33)

Referencias bibliográficas

  • Alegre, Susana (2004). Iconografía de Maat. Tesis doctoral presentada en el Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona
  • Allen, James P. (2005). The Ancient Egyptian Pyramid Texts. Atlanta: Society of Biblical Literature
  • Assmann, Jan (2005). Historia de un sentido. Madrid: Abada Editores
  • Cervelló Autuori, Josep (1996). Egipto y África. Origen de la civilización y la monarquía faraónicas en su contexto africano. Sabadell: Ausa (“Aula Orientalis-Supplementa”, 13)
  • Cervelló Autuori, Josep (2012). “Introducció epistemológica: Història, diversitat i relativitat cultural”. En: J. Cervelló, J.M. Palet, J. Serrallonga, N. Torras, Història I. Material docent de la UOC. Unitat 1. Barcelona: FUOC, 2012, pp. 5-19
  • Eliade, Mircea (2006). El mito del eterno retorno. Madrid: Alianza Editorial, S.A.
  • Erman, Adolf; Grapow, Hermann (1971). Wörterbuch der Aegyptischen Sprache (bd. II). Berlín: Akademie-Verlag
  • Frankfort, Henri (1981). Reyes y dioses. Madrid: Alianza
  • Frankfort, Henri (1998). La religión del Antiguo Egipto. Barcelona: Laertes, S.A. de ediciones
  • Hornung, Erik (1999). El Uno y los Múltiples. Concepciones egipcias de la divinidad. Madrid: Trotta (“Biblioteca de Ciencias Bíblicas y Orientales”, 4)
  • Iniesta, Ferran (1992). El planeta negro. Aproximación histórica a las culturas africanas. Madrid: S.L. Cyan
  • Iniesta, Ferran (2012). Pensamiento y poder en el Egipto faraónico. Madrid: Los libros de la Catarata
  • Moreno García, Juan Carlos (2004). Egipto en el Imperio Antiguo (2650-2150 antes de Cristo). Barcelona: Edicions Bellaterra S.L.
  • Sánchez Rodríguez, Angel (2003). La literatura en el Egipto Antiguo (Breve antología) . Sevilla: Ediciones Egiptomanía S.L. .

< http://www.egiptomania.com/libros/literatura-egipto-antiguo.pdf>

Notas

(1) Frankfort, 1998, p. 132
(2) Por ejemplo, en la fundación de un templo, en la conmemoración de sus victorias militares, en los ritos sagrados que ritmaban su calendario religioso, etc.
(3) Así aparece, por ejemplo, en Erman y Grapow, 1971, pp. 12-13
(4) Frankfort, 1981, p. 75
(5) Hornung, 1999, p. 197
(6) Assmann, 2005, p. 158
(7) Moreno, 2004, p. 154
(8) En Alegre, 2004, p. 15 y ss.
(9) En Cervelló, 2012, pp. 5-19
(10) En Cervelló, 1996, p. 14 y ss.
(11) La Grecia y Roma clásicas, además de nuestra civilización occidental.
(12) Cervelló se basa preferentemente en una de las obras fundamentales de Eliade, El mito del eterno retorno (Eliade, 2006).
(13) Los antiguos egipcios denominaban a este instante primordial de la creación sep tepy, literalmente la “Primera Vez”.
(14) “La polivalencia de las divinidades repugna al pensamiento lógico unidimensional de Occidente” (Iniesta, 1992, p. 72)
(15) En Alegre, 2004, p. 43
(16) La cosmología egipcia comprendía el universo como un conjunto de fuerzas duales mitológicamente encarnadas en “binomios divinos”, tales como Horus-Seth, Maat-Isfet, etc.
(17) Alegre, 2004, p. 47
(18) Los reyes egipcios adquirían varios nombres al ser entronizados, cinco en la titulatura clásica. El Nombre de Horus es el más antiguo de ellos y se inscribía en el interior de un panel denominado serekh, que representa la fachada de un palacio.
(19) Existe cierta controversia entre los egiptólogos en cuanto a la identidad de este faraón de la II Dinastía, ya que no se conservan monumentos asignados a él en todo Egipto, tan sólo algunas inscripciones donde aparece el serekh con su nombre, en Abydos y Saqqara. Hay dos hipótesis básicas respecto a esta controversia. Algunos especialistas lo identifican con el rey Peribsen, también de la II Dinastía, mientras que otros consideran que se trata de un monarca diferente, cuyo reinado se situaría entre los de Peribsen y Khasekhem.
(20) Literalmente, “el timón pertenece a Maat”, según S. Alegre (Alegre, 2004, p. 62)
(21) Unos 525 mm.
(22) Alegre, 2004, p. 41
(23) Cervelló, 1996, p. 58
(24) En Cervelló, 1996, p. 118
(25) Iniesta, 2012, pp. 85-86
(26) Profetas de Maat, a partir de la V Dinastía, eran preferentemente los visires, aunque también determinados funcionarios judiciales.
(27) En Alegre, 2004, p. 63
(28) Véase figura 1
(29) El cetro uas se relacionaba con la fuerza y estaba normalmente reservado a las divinidades masculinas.
(30) En ocasiones el arte egipcio muestra a Maat y su gemela en contextos donde normalmente debería aparecer ella sola. La mayoría de egiptólogos consideran que la Doble Maat o maaty “representaría la unificación de todos los ámbitos del poder monárquico faraónico, así como la integración entre lo cósmico y lo social.” (Alegre, 2004, p.132)
(31) Pyr. 260; en Allen, 2005, p. 46
(32) Considerado uno de los primeros textos literarios del Antiguo Egipto, las Enseñanzas de Ptahhotep se enmarcan en los conocidos como Textos Sapienciales, una serie de manuscritos filosófico-morales donde el autor intenta transmitir una serie de preceptos y normas de conducta.
(33) El manuscrito más completo es el conocido como Papiro Prisse, actualmente en la Biblioteca Nacional de París.
(34) Sánchez, 2003, p. 38

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Alex Loro
Alex Loro es Administrador de Sistemas Informáticos en Ajuntament de Badalona. Graduado en Humanidades por la UOC, su pasión por las artes en general le ha llevado a dedicar su tiempo libre a realizar investigaciones históricas, escribir y recitar poesía o colaborar en diferentes proyectos culturales.

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