Los precedentes. La medicina del profeta Muhammad

La antigua medicina islámica se fundamentaba en una serie de aforismos médicos que procedían tanto del Corán como de los hadices.

  • El Corán

Libro que contiene las revelaciones de Dios a Mahoma y que es fundamento de la religión musulmana. También transliterado como Alcorán, Qurán o Korán, es el libro sagrado del Islam que según los musulmanes contiene la palabra de Dios, Alá (Allāh), revelada a Mahoma (Muhammad).

  • Los hadices

Los hadices eran un conjunto de dichos y tradiciones populares.

Con el tiempo, todos estos aforismos médicos fueron compilados, comentados y escritos en diversos tratados que recibieron el nombre de Medicina del profeta. Estas sentencias hacían referencia, especialmente, a jaculatorias, súplicas, dietética, higiene y farmacopea vegetal.

  • Jaculatorias

Es decir, oraciones breves y fervorosas.

  • Súplicas

Oraciones en las que se rogaba, se pedía con humildad y sumisión, ofreciéndose algo a cambio.

  • Dietética

Preferencia del régimen vegetal sobre el animal, es decir, comer más verdura que carne.

  • Higiene

La higiene fue muy importante en el mundo musulmán. Las prescripciones coránicas establecen la frecuencia de las abluciones. También se construyeron, en su período, numerosos baños públicos. Ir a un baño público para someterse a una limpieza total era obligado en ciertas ocasiones. En los baños de agua caliente se dispensaba jabón y toalla. Los baños de vapor se utilizaban sobre todo para las enfermedades, para hacer sudar al enfermo con el objeto de eliminar la enfermedad mediante el sudor.

  • Farmacopea vegetal

El uso de las plantas medicinales, especialmente mediante infusiones, fue tradicional en el mundo musulmán.

Las aportaciones de otras civilizaciones

En el siglo VII los árabes ocuparon la ciudad de Gundishapur (Irán), principal centro científico y médico del Asia central. Su escuela de medicina había recibido aportaciones de científicos cristianos expulsados de Edesa (Turquía) y de tradiciones médicas griegas, persas e hindúes (estas últimas muy importantes en el terreno de la farmacología).

En ese siglo, inicio del esplendor árabe, se tradujo lo mejor del griego, del siríaco, del persa y del sánscrito. Los califas enviaron misiones a Bizancio con el objetivo de adquirir manuscritos, fundamentalmente los que trataban de medicina. Se tradujeron los principales textos médicos griegos, de Hipócrates, Dioscórides, Galeno…

Fruto de todas estas aportaciones, su farmacopea evolucionó de un modo intenso, añadiendo especias, mercurio, alcanfor…, y nuevos preparados farmacéuticos como los jarabes (sharáb, en árabe), julepes (shulap), agua de rosas, etc.

Las farmacias y los dispensarios

Farmacia, del griego fármakon, fármaco, medicamento.

Tras la caída del imperio romano fueron los musulmanes los que recopilaron el saber antiguo. Hicieron acopio de los ancestrales medicamentos babilónico-asirios, civilización que muestra los primeros indicios del uso de fármacos, que los investigó, detectó su peligrosidad y los dosificó a los esclavos para detectar sus efectos.

Se le atribuyen los primeros ungüentos a base de plantas como la haoma o la belladona. Las primeras operaciones farmacéuticas sumerias, como la desecación, pulverización, molienda, prensado, filtración, decantación, etc., fueron recogidas por los árabes. Lo mismo ocurrió con las antiguas pomadas, lociones, cataplasmas, enemas, emplastos, infusiones, y hasta vinos que, aún prohibido su consumo como bebida alcohólica, sí se permitía su uso en medicina.

De Egipto recuperaron códices que describían la sintomatología y la prescripción para la enfermedad, así como principios activos de los reinos naturales (mineral, vegetal y animal) y la preparación de medicamentos nacidos de las materias que contenían estos principios activos (fueron usuales la leche, miel, plantas, vinos etc.).

Heredaron las pautas de administración de estos medicamentos, que eran de dos tipos:

  • De uso interno:

Tisanas, decocciones, maceraciones, píldoras, supositorios, enemas o laxantes…

  • De uso externo:

Cataplasmas, ungüentos, emplastos, colirios, pomadas…

La medicina griega la heredaron a través de la escuela alejandrina, semilla de la división entre medicina y cirugía.

Destacaron:

  • Hipócrates (siglo V a. C.), el padre de la medicina y fundador de la escuela y profesión médica.
  • Herofilo (siglo IV a.C.), considerado el primer anatomista.
  • Erasistrato (también del siglo IV a.C.), el primer patólogo.
  • Dioscórides (siglo I d. C.); su De Materia Medica alcanzó una amplia difusión y se convirtió en el principal manual de farmacopea durante toda la Edad Media y el Renacimiento, y
  • el estoico Galeno (siglo II d. C.), llamado el therapeutes (discípulo de Asclepios, Dios de la Medicina); su Methodo medendi (Sobre el arte de la curación), ejerció una enorme importancia en la medicina durante siglos.

Un hecho determinante para la farmacología andalusí fue el regalo que, hacia el año 948, Constantino VII, emperador de Constantinopla, hizo a Abderrahman III de un ejemplar en griego de la Materia Médica de Dioscórides.

De la medicina romana tuvieron a Celso como principal valedor. Su imponente tratado De re medica (Sobre la medicina) es considerado por los historiadores como el tratado médico más completo, coherente y homogéneo que se conserva de la antigüedad. Se divide en tres partes: dietética, farmacéutica y quirúrgica. En su farmacéutica, Celso definió las propiedades medicinales de unas doscientas cincuenta plantas.

En la elaboración de los medicamentos se utilizaban molinos de mano, morteros (almirez, en árabe), tamices fabricados con papiro, balanzas…

Y para la conservación: recipientes de barro, vidrio, alabastro y serpentina, así como cajas de madera.

Pero, aún con toda esta herencia tan importante, fueron los árabes quienes establecieron las primeras farmacias y dispensarios, fundaron la primera escuela medieval de farmacia y escribieron los grandes tratados de farmacología. Tuvieron un carácter abierto a todas las teorías científicas, las desarrollaron y mejoraron, llegando a unas cotas de saber nunca vistas en Europa.

Citemos, por ejemplo, a personajes como Rhazes, primer autor musulmán que tradujo y amplió los trabajos médicos griegos y romanos, o a Avicena, representante del galenismo arabizado, autor de los famosos Libro de la curación y El Canon de la medicina. Recibió  los apodos de El príncipe de los sabios y El más grande de los médicos; fue, sin duda,  uno de los principales médicos de la historia que influyó notablemente en la medicina occidental al estudiarse en diversas universidades europeas.

Los grabadines y las colecciones farmacéuticas

Los árabes escribieron sus propios códigos, donde describían la correcta elaboración de las medicinas, las materias empleadas e incluso los precios establecidos. Los llamaron grabadines (aqrabadin). Entre ellos destaca la Gran colección de alimentos y elementos simples de Ebn-Beitar, con más de mil referencias. También introdujeron en España la famosa triaca y los albarelos. Algunos autores incluso afirman que, tomando como dato la apertura de la primera farmacia árabe en Bagdag, fueron los que estructuraron la farmacia como profesión independiente.

Fueron textos de gran utilidad en la profesión farmacéutica. El primer grabadin del al-Ándalus fue escrito por Abd Rabbih, a mediados del siglo X.

Los hospitales

“He ordenado la construcción del hospital como señal de amplia compasión para con los enfermos pobres musulmanes”. Muhammad V, sultán de Granada.

El primer hospital (en árabe, maristán) más famoso del Islam fue fundado en Damasco el año 707; cien años después contaba con veinticuatro médicos. La enseñanza médica se daba principalmente en los hospitales. En el 931 había 860 médicos titulados en Bagdad.

A partir del siglo IX las ciudades de todo el mundo musulmán, desde Asia hasta el al-Ándalus, se dotaron de instituciones similares. Los hospitales árabes sirvieron de modelo a los actuales, pues disponían de:

  • Un equipo de médicos y cirujanos, algunos de ellos especialistas.
  • Distintos departamentos, como los de medicina interna, cirugía, oftalmología y ortopedia.
  • Administración. Se llegaron a redactar tratados sobre la buena administración de los centros hospitalarios.
  • Farmacia donde se preparaban las receta médicas.
  • Biblioteca especializada
  • Escuela donde los maestros como el gran ar-Razí (Razes) dispensaban a los estudiantes una enseñanza teórica y práctica basada en la observación clínica y sancionada por la redacción de una tesis y la obtención de un diploma que permitía ejercer la medicina, tras haber pronunciado el juramento hipocrático.
  • Las salas de los pacientes. Hombres y mujeres estaban separados.

Los más famosos hospitales de al-Ándalus son los de la Granada nazarí. En el último reducto del Islam en Europa había, por lo menos, dos maristanes, uno de ellos fundado por el sultán Muhammad V en 1365. Según Ibn al-Jatib, este maristán aventajaba al hospital al-Mansurí de El Cairo, hospital modélico según todas las referencias. En 1496, por orden de los reyes Católicos, se expulsó a los enfermos del mismo y se instaló en él una ceca o casa de la moneda.

En este hospital se empleaban técnicas novedosas, como la musicoterapia (apelando al murmullo del agua de las fuentes o a suaves melodías ejecutadas con el laúd o la flauta de caña), para curar a los perturbados mentales.

Los grandes médicos andalusíes

La formación de los médicos árabes y andalusíes era de carácter teórico y práctico. Esta última consistía en visitas domiciliarias y hospitalarias. El alumno, por lo general, era de edad madura, pues debía recibir importantes enseñanzas previas, especialmente de conocimiento de la naturaleza. Las enseñanzas las impartía el hakim (al-hakim, el médico, sabio, maestro por excelencia y también filósofo)  combinadas con frecuentes diálogos. Los alumnos también debían estudiar matemáticas, astrología, agronomía, botánica, farmacología, terapéutica y cirugía.

La madrasa era el lugar donde se recibían las clases. Generalmente se ubicaba en el interior de las mezquitas. Tras el siglo XI se ubicaron madrasas fuera de ellas, transformándose en academias formales. Cuando el centro de enseñanza se encontraba directamente dentro de los hospitales recibía el nombre de bimaristán.

La terapéutica de desarrollaba en tres fases: la dietética, la farmacología y la cirugía. La dietética era el primer peldaño para devolver la salud; si esta fallaba se acudía al tratamiento farmacológico. La cirugía era la última opción.

Los medicamentos podían ser simples (una única sustancia) o compuestos (una mezcla de sustancias).

La terapéutica se basaba en el principio alopático Contraria contrariis curantur (lo contrario se cura por lo contrario). El medicamento tenía que tener igual fuerza, pero opuesto a la cualidad de lo que alteraba la salud. Para conseguirlo, el mundo árabe creó un curioso método: los taqwim o tableros de ajedrez, mosaicos donde en los laterales se colocaban los cuatro elementos (fuego, aire, agua y tierra), con sus cuatro cualidades (seco, cálido, húmedo y frío) y los cuatro humores, opuestos a los cuatro grados de acción o medicamentos primarios, secundarios, terciarios y cuaternarios, definidos así según los efectos que producían en los pacientes (calor, frío, sudor, adormecimiento etc.). Uno de los más divulgados fue el Taqwin Ashina. Eran como libros de consulta.

Con respecto a la cirugía, el auge que experimentó durante el medievo árabe fue de gran magnitud. La Europa del siglo XIII estaba bajo su influencia. Los avances quirúrgicos en obstetricia y oftalmología fueron espectaculares. Aparecieron numerosos aparatos obstétricos y ginecológicos que revolucionaron las prácticas quirúrgicas, como es el caso de los fórceps. En oftalmología destacó la práctica de operaciones de cataratas mediante succión. También aparecieron nuevos métodos de cauterización, ­−vigentes hasta la edad moderna─, avances en la coagulación de la sangre, ligadura de arterias, compresión, utilización del frío para paliar el dolor. En anestesia se usaron esponjas somníferas impregnadas de opio, mandrágora e hiosciamo.

Entre los médicos andalusíes más influyentes destacaron:

Ibn al Baytar

Ibn al Baytar

Abdullah Ibn Ahmad Ibn al Baytar (Málaga 1197-Damasco 1248), fue médico y botánico; llamado por Menéndez Pelayo el “Dioscórides español”, es más conocido como Ibn al Baytar o Ebn-Beitar, ya mencionado.

En el año 1219 abandonó su tierra natal, recorrió toda Andalucía y viajó a través del norte de África, Arabia, Siria y Mesopotamia, donde continuó sus investigaciones  botánicas –dando a conocer más de 200 nuevas especies–, estudió y enseñó.

Su Gran colección de medicamentos y alimentos simples fue considerado como el mejor trabajo botánico de la Edad Media. En él trata medicamentos, comidas, y del modo de confeccionarlos a partir de animales, plantas y minerales. Ordenó la obra alfabéticamente, describiendo cada medicina y sus diversas nomenclaturas, mencionando a las de sus predecesores ─desde Dioscórides a los autores árabes─, corrigiendo las equivocaciones de estos y señalando sus diferencias de opinión. La obra alcanzó gran popularidad, tanto en Oriente como en Occidente, y fue resumida en capítulos para facilitar su empleo a los médicos.

Abu-l-qásim al-Zaharawi

Abulcasis

Abu-l-qásim al-Zaharawi (936-1013), latinizado como Abulcasis, natural de Madinat al-Zahará (Córdoba), fue médico, farmacéutico y uno de los más grandes cirujanos del Islam y de la Europa medieval. Conocido como el padre de la cirugía moderna, su obra Libro de la ayuda para quien carece de habilidad para usar voluminosos tratados, más conocido como Kitab al Tasrif o Libro de la práctica médica, incluye una detallada sección quirúrgica que resume el conocimiento quirúrgico de su tiempo. Esta sección fue traducida al latín por Gerardo de Cremona. Después se tradujo al provenzal y al hebreo. La obra fue durante seis siglos una de las guías más importantes para los cirujanos islámicos y europeos. Tuvo muchas ediciones: Venecia (1497), Basilea (1541), Oxford (1778). Fue texto obligado en las universidades de medicina de Salerno, Lovaina y Montpellier.

Sus instrumentos médicos ─más de doscientos ilustrados en su libro, muchos de ellos innovadores─ sirvieron de modelo en Asia y Europa.

Entre sus hitos podemos destacar:

  • Cirugía dental

Aportó métodos detallados para reimplantar dientes desprendidos.

  • Litotomía y urología

Llevó a cabo con éxito la primera extracción de un cálculo en la vejiga mediante un instrumento que inventó y una nueva técnica, la cistolitotomía. Esta técnica disminuyó en gran medida la tasa de mortalidad de los pacientes.

  • Cirugía ocular

Describió con precisión la operación árabe de cataratas mediante la introducción de una aguja hueca para aspirar los deshechos del cristalino.

  • Neurocirugía

Desarrolló material y técnicas que todavía se usan en neurocirugía.

  • Cirugía plástica

Realizó avances en esta materia desarrollando métodos de incisión y usando hilo de seda para suturar que lograba un mejor resultado estético. Inventó un tratamiento quirúrgico para la reducción de mamas en el tratamiento de la ginecomastia.

  • Venda adhesiva y yeso

Inventó la escayola moderna y la venda adhesiva. El uso del yeso en las fracturas se convirtió en una práctica estándar para los médicos árabes. En Europa no se usó hasta el siglo XIX.

  • Catgut y fórceps

El uso del catgut (material cuyas hebras eran obtenidas del intestino del gusano de seda) para suturas internas es todavía empleada en la cirugía moderna. El catgut parecía ser la única sustancia natural capaz de disolverse y ser asimilada por el cuerpo.

Abulcasis inventó los fórceps para la extracción del feto muerto, como se ilustra en el al-Tasrif.

  • Cauterización y ligaduras

El cauterio, un instrumento especial usado para la cauterización de las arterias, fue descrito por primera vez por Abulcasis.

También introdujo el uso de la ligadura para el control del flujo sanguíneo en las arterias en lugar de la cauterización.

  • Uso del algodón en medicina

Fue el primer cirujano en usar el algodón como tejido médico para controlar las hemorragias.

  • Aguja de sutura

La inventó y describió.

  • Hematología y herencia

Al-Zahrawi escribió la primera descripción de la hemofilia, una enfermedad genética hereditaria, contando la historia de una familia andalusí cuyos varones murieron desangrados tras haber sufrido heridas menores.

  • Medicación

Desarrolló una medicación que fue descrita en el capítulo de cosméticos. Para la epilepsia y las convulsiones inventó un medicamento llamado Ghawali y Lafayfe. Para el tratamiento de la gripe común creó Muthallaathat, preparado a base de alcanfor, almizcle y miel, similar al Vicks Vapour Rub actual. También inventó el spray nasal y la crema de manos, y desarrolló un enjuague bucal.

Avenzoar
Avenzoar

Avenzoar

Ibn-Zuhr (1095-1161), latinizado como Avenzoar, uno de los sabios más famosos del Islam, nació en Peñaflor (Sevilla). Escribió el Libro que facilita el estudio de la terapia y la dieta, más conocido como Kitab al-taysir, un manual que un siglo después fue traducido al latín consiguiendo una gran difusión. En esta obra se describe por primera vez el absceso de pericardio, se recomienda la traqueotomía y la alimentación artificial del esófago (inventó el cateterismo esofágico). Fue el primero que estableció los fundamentos científicos de la otitis. Realizó autopsias, en contra de los preceptos religiosos. También fue uno de los primeros que trató el ácaro que produce la sarna (el Sarcoptes scabei).

Se ocupó, asimismo, de técnicas preparatorias de medicamentos, de aplicaciones dietéticas, e  incluso de alquimia. Ejerció una notable influencia en la enseñanza de la medicina y de la alquimia en Europa gracias a la traducción de sus textos al hebreo y latín.

En su célebre Taysir, excelente manual terapéutico, describe diferentes fórmulas de medicamentos compuestos y explica el modo de componer jarabes, ungüentos y electuarios (preparados magistrales).

Abu al Walid Muhammad ibn ahmad Ibn Rushd

Averroes

Abu al Ualid Muhammad ben ahmad Ibn Rushd (1126 Córdoba-1198 Marrakech), conocido como Averroes, fue uno de los máximos sabios andalusíes. Se distinguió como médico y filósofo. Leclerc lo califica como “el hombre más grande de toda la España musulmana”. Como médico, su obra más representativa es la enciclopedia titulada Kitab al-kulliyat o Libro de las generalidades en medicina, conocida por los latinos como Colliget. Esta obra está dividida en siete volúmenes: anatomía, diagnosis, fisiología, higiene, materia médica, patología y terapéutica. Fue muy usada como libro de texto en universidades cristianas como las de Oxford, Lovaina, Montpellier y Roma.

Averroes fue el primero en explicar, por ejemplo, la función de la retina…, o que un ataque de viruela confiere la inmunidad subsiguiente. Dio también una importancia capital a la dietética.

 

Moseh ben Maimon

Maimónides

Moseh ben Maimon (Córdoba 1135-Fustat, Egipto 1204), el más grande de todos los judíos peninsulares, fue rabino, teólogo y médico de Saladino. Dejó interesantes escritos en materia médico-farmacéutica. Su libro de los aforismos relacionados con la medicina, o Pirqe Moseh, es un conjunto de aforismos galénicos comentados por él mismo.

 

 

Muhammad Ibn Qassum Ibn Aslam al-Gafiqí

Al-Gafiqí

En la primera mitad del siglo XII vivió el oculista Muhammad Ibn Qassum Ibn Aslam al-Gafiqí. Nació cerca de Córdoba. Autor de la Guía del oculista, o Kitab al-murshid, del que se conserva un manuscrito único en la biblioteca del Escorial. Se compone de seis libros. Los dos últimos se ocupan de medicina ocular e higiene de los ojos. Las gafas deben su nombre a su inventor, el oculista andalusí al-Gafiqí.

 

 

Ahmad Ibn Muhammad Abu Yafar Al Gafiqí

Abu Yaafar

Ahmad Ibn Muhammad Abu Yaafar Al Gafiqí fue un médico y botánico andalusí del siglo XII. Escribió la enciclopedia médico-botánica titulada Kitab al-adwiya al-mufrada o Libro de medicamentos simples, donde compiló el saber de la farmacopea árabe. También se le atribuyen otras dos obras: El libro de las fiebres y de los tumores y El libro del rechazo de todos los daños que afectan al cuerpo. Su influjo sobre la medicina posterior fue decisivo.

Según Meyerhof, quien ha traducido parte de su obra, Abu Yaafar es «el más grande de los sabios en Farmacología y Botánica entre los médicos de la Edad Media islámica».

 

Ash-Shamsi.

Abu Ismail Abd Allah ash-Shamsi (siglo XV) fue médico, filósofo y alquimista del rey Muley Hassan de Granada. Escribió el Kitab nur at tannur o Libro de la luz del atanor.

Shamsi fue el maestro de los atramentos, llamados almásigas (tinta, en árabe) en el al-Ándalus. Se trata de tinturas espagíricas destinadas a la escritura, que luego el hakim usaba sobre el papel o pergamino, tras antes haber pasado por un proceso de una esmerada preparación caligráfica (ciencia de la pluma).

Veamos el proceso de elaboración de estas antiguas almásigas:

– En primer lugar, el hakim realizaba una ablución ritual. Debía estar en un estado de concentración, de desconexión con el exterior, meditativo…, para escribir el remedio.

– Después, elegía la planta medicinal y la quemaba; de sus cenizas extraía la tintura; se unía a estas cenizas lo que los antiguos alquimistas llamaron espíritu universal o alma del mundo, una energía imponderable que, decían, impregna a todo el universo. Shamsi la llamaba mummiya;  resulta curioso que Paracelso lo llamara mumia.

– Una vez realizado el proceso, el hakim escribía con esta tinta medicinal y sobre papel especial (encerado o poco poroso) o una plancha de madera bien pulida (de olivo o de acacia) ─y mediante una caligrafía especial─ el nombre del paciente, de su madre, cánones coránicos y, finalmente, el deseo o intención de curación pedida a Allah para el enfermo.

Es decir, se personalizaba la medicina.

Para ingerir la tintura, el paciente usaba suero de leche de cabra o agua lustral que se derramaba lentamente sobre el papel o madera, y la tintura era arrastrada al vaso.

Una de las fórmulas para preparar el agua lustral era la siguiente: se añadía a una cantidad de agua de manantial una menor cantidad de rocío de mayo destilado. Se introducía en esta agua un trozo de magnetita o limaduras de acero, magnetizadas  ambas, previamente calentadas al rojo; una vez enfriadas en el agua, se filtraba, dando como resultado el agua lustral.

Una mención especial para Ash-Shafra

Muhammad Ibn Alí Ibn Faray al-Fihri al-Quirbilyani, conocido como Ash-Shafra, fue una figura estelar de la medicina hispoano-árabe. Nació en Crevillent (Alicante), en la segunda mitad del siglo XIII.

Su padre, que era médico, influyó en la cultura y aficiones del joven Shafra. De pequeño ya se sintió atraído por la botánica y la farmacología. Nos podemos imaginar a padre e hijo recogiendo plantas medicinales en la Sierra de Crevillent.

Estudió Medicina y Cirugía en Valencia, para trasladarse después a Granada y recibir instrucción de los sabios granadinos, especialmente del galeno Abd Allah Ibn Siray.

Ejerció en Crevillent y después en Granada, entrando al servicio del destronado sultán granadino Nasr, que residía en Cádiz, pues le curó de una grave enfermedad. En Cádiz creó un jardín botánico.

Consta que viajó a Oriente, a Bagdad, Damasco, Bizancio…, y a partir de 1322 se estableció en Marruecos, donde vivió cuarenta años entre Fez y Marrakech.          

Su obra más conocida, El libro de la indagación y la ratificación sobre el tratamiento de las heridas y tumores, se divide en tres partes:

  • Tratamiento de las inflamaciones y tumores
  • Fracturas de huesos y sus tratamientos
  • Medicamentos para curar las heridas

Algunos expertos creen que su obra está influenciada por los libros de Abulcasis y Avicena. El Doctor Fernando Candela Polo, profesor de la facultad de Medicina de Alicante, afirma que los tratados de cirugía del sabio crevillentino “fueron una de las bases para la fundación de la escuela de Cirugía Valenciana en 1462”.

A finales de 1359, cuando Ash-Shafra contaba con 80 años, regresó a Granada, donde le sorprendió la muerte el 6 de febrero de 1360. Sus vecinos crevillentinos lo recuerdan cada vez que pronuncian el conocido refrán “saps més que en Shafra” (sabes más que Sahfra), un dicho popular que perpetúa la memoria de este gran sabio.  

 

Fuentes:

Civilización del Islam. Medicina. Ricardo H.S. Elía. Edición Elhame Shargh. Fundación cultural oriente. www.islamoriente.com

http://farmaciamarcos.es/la-profesion-farmaceutica-2/historia-de-la-farmacia/

La farmacia andalusí: Grandes innovaciones para una profesión. Esteban Moreno Toral. En la revista de estudios andaluces. Nº 23/200. Págs. 151 a 166.

Atramentum. Medicina y Teurgia. Aproximación a las Almásigas o tintas medicinales. Abu Omar Yabir al garnati. Ethanor Ed.

Enciclopedia Larousse

San Jerónimo de la Murtra
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Luis Silva
Mi nombre es Luis Silva Mascuñana, nací en Mataró, (Barcelona), en 1962. Soy escritor, investigador y estudioso -desde hace más de 20 años-, de textos clásicos de alquimia. Además de licenciado en Derecho tengo un postgrado Superior en Dirección y Gestión de la Seguridad Pública. También he sido profesor de la Escuela de Policía de Cataluña. En mi faceta como escritor he realizado varios trabajos, algunos de ellos relacionados con mi trabajo profesional como inspector de Policía Local, como mi “Policía y derechos humanos” que fue premiado y becado en 1991 por el “Institut de Drets Humans de Catalunya”, con una estancia de 15 días en la sede del Consejo de Europa y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos con sede en Estrasburgo (Francia). Sobre mis libros de alquimia traduje para la editorial mra las “Teorías y símbolos de los alquimistas. La Gran Obra”, de Albert Poisson. También soy autor del “Tratado de Philosoteria, Alquimia Real Desvelada” y de mi trabajo más reconocido, ‘Alquimia, tras la piedra filosofal’, obra ganadora de la IIª edición del premio de investigación y divulgación histórica ‘Juan Antonio Cebrián’ otorgado en el año 2012. También tengo diversas traducciones de textos clásicos de alquimia en ediciones Bubok, destacando entre ellas la traducción comentada de ‘las obras póstumas de M. de Grimaldy’, considerado como uno de los libros de cabecera del alquimista Fulcanelli. Desde hace más 20 años leo y estudio profundamente los textos clásicos de alquimia. En 2011 realicé mi salto a la opinión pública participando en conferencias, artículos de prensa y programas de radio con el ánimo de divulgar la alquimia y dar con ello homenaje a los antiguos filósofos alquimistas. En la actualidad realizo trabajos de campo en mi propio laboratorio alquímico donde pongo en práctica la sabiduría de los antiguos alquimistas. Actualmente soy miembro del equipo del programa de radio Los Misterios nos miran donde además tengo una sección relacionada con la alquimia, ofreciendo mis conocimientos y explicando materias jamás contadas en otros medios.

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