Atlántida 2

LA ATLÁNTIDA, DEL MITO A LA REALIDAD

  Sin duda el llamado mito de la Atlántida es uno de los más conocidos y que más interesan a personas de cualquier índole. Su fuerza reside en la idea de pensar en que existió una vez una civilización, con unas cotas de conocimiento a cualquier nivel, que su existencia haría tambalear  los cimientos de la historia que conocemos. Y es que el ser humano siempre se pregunta: ¿Quiénes somos? , ¿De dónde venimos? ¿Tiene algún sentido la vida? Quizás el mito de la Atlántida acercaría algunas respuestas que tanto ansía el ser humano.

  Tal y como el título indica , en cierto modo , la Atlántida, o mejor dicho su idea de civilización avanzada y enigmática que desapareció de la noche a la mañana, existió personificadas en civilizaciones como la Minoica o la de Tartessos. Dos civilizaciones tan fascinantes, sorprendentes y enigmáticas  que algunos expertos afirman que  en esos lugares se encontraba la Atlántida descrita por Platón. Gracias a la Arqueología , comenzamos a tener alguna idea de estas increíbles civilizaciones , es por ello que más allá de las teorías más o menos disparatadas que también comentaremos, vale la pena viajar en busca de la Atlántida para descubrir dos civilizaciones tan reales como la minoica y Tartessos.

 

Platón y la Atlántida.

  El mito comenzó hacía el año 509 antes de Cristo, cuando el sabio Solón (638ac-558ac) el gran estadista ateniense, visitó el santuario de la diosa Isis en Sais, la ciudad sagrada de Egipto. En el aquél lugar, un anciano sacerdote le transmitió la historia de la Atlántida. De regreso en Atenas, Solón transmitió aquella historia a Critias, hijo de Drópides, y éste a su hijo también llamado Critias, por cuyo conducto alcanzó al filósofo Platón, el cual dejó el mito plasmado para  la posteridad en sus diálogos Ti-meo y Critias, escritos hacia el año 350 a. de C.

  Y de ese único hilo, esa fuente en la que Platón supuestamente recoge el testimonio no directo de forma verbal, han surgido ríos de tinta, debates interminables, cientos de expediciones en busca de dicha Atlántida, miles de teorías y muchas personas que han hecho un gran negocio gracias a lo que Platón escribió referido a la Atlántida.

 Vemos como Egipto es la clave, quizás para comprender sea mito o no, la Atlántida y tantas cosas y conocimiento se perdieron en el incendio de la Biblioteca de Alejandría…

  El anciano Sacerdote, relató lo siguiente a Solón:

“Antiguamente el Océano era navegable y frente al estrecho que los griegos llamáis de las Columnas de Hércules se extendía una isla mayor que Libia y Asia juntas. Los viajeros podían cruzar de esta isla a las otras, y desde las otras al continente lejano que está circundado por el océano propiamente dicho.”

  Así según podemos interpretar, la Atlántida estaba frente al estrecho de Gibraltar, entonces conocido como columnas de Hércules. Hay que tener en cuenta también que los griegos del tiempo de Platón llamaban Asia a la actual Asia Menor y Libia a las costas del Norte de África. Si el tamaño de la Atlántida excedía el de estas regiones, la isla donde se asentaba debía ser por lo menos del tamaño de Groenlandia tal y como afirman algunos historiadores.

  Si seguimos interpretando ese otro continente referido, podría ser América, cuya existencia se supone que los griegos ignoraban. Actualmente incluso algunos expertos se han lanzado a dar la hipótesis de que América era donde se encontraba la Atlántida, pero ya volveremos sobre esta y otras hipótesis actuales.

 

El nacimiento de la Atlántida.

  Según el relato de Platón, la isla fue creada por Poseidón, dios del mar, para albergar a su amada Cleito y a los diez hijos, cinco parejas de gemelos, que tuvo con ella. Los hijos de Poseidón fundaron en la isla sendas dinastías  presididas por los descendientes de Atlas, el primogénito. El imperio de los atlantes se extendía hasta Libia y Egipto, y hasta Toscana. Poseidón no reparó en esfuerzos y convirtió la Atlántida en un verdadero paraíso terrenal. El clima era apacible; sus fértiles campos producían toda clase de frutos en gran abundancia y su subsuelo abundaba en los minerales y metales útiles al hombre. La isla producía más de lo que exigían las necesidades diarias, comenzando por el metal fuerte y fusible extraído de las minas, que ahora es conocido sólo por el nombre, pero del que entonces había muchos yacimientos en la isla, el oricalco, el más precioso de los metales exceptuando el oro. Además la isla producía en abundancia toda la madera necesaria para los carpinteros, y muchos animales, tanto domésticos como salvajes. Aparte de esto, se criaban manadas de elefantes, ya que la abundancia de alimentos bastaba no sólo para los animales de las marismas, lagos y ríos, y de las montañas y llanuras, sino también para el elefante, que por su naturaleza es el más grande y voraz de todos. Como vemos, bien podría compararse el lugar con el paraíso del que la tradición Judeo-Cristiana, nos dice que vivieron Adán y Eva, antes de ser expulsados de dicho paraíso. En medio de esta privilegiada naturaleza floreció un pueblo culto e industrial que vivía en ciudades maravillosamente urbanizadas y dotadas de cómodas viviendas. Estamos hablando de un pueblo  que frecuentaba los baños fríos en verano y los templados en invierno y que, en sus festividades, cazaba toros y los sacrificaba en el templo. Nuevamente el Toro, símbolo de la cultura mediterránea, se erige como una de las bases de las culturas tanto de la Atlántida como la de los pueblos del Mediterráneo.

  También se nos relata de que manera la sociedad de los Atlantes, vivía feliz, satisfechos, ocupando cada cual su lugar.

  El paraíso también se reflejaba en la capital de los Atlantes, una ciudad ideal, situada en una fértil llanura, en el centro de la isla. En su propio diseño, participaba tanto de la tierra como del mar pues estaba formada por anillos alternos de tierra y agua concéntricamente dispuestos en torno a una isla central que a su vez comunicaba con el mar a través de un canal navegable de medio kilómetro de anchura. La muralla exterior era blanca y negra, con torres y puertas en todas las entradas del canal. Dentro había otros recintos rodeados de muros ricamente decorados, uno de piedra roja, otro, forrado de bronce por fuera y de estaño por dentro, y el último, que rodeaba la acrópolis, revestido de oricalco brillante como el fuego. En la cima de la colina central estaba el palacio real rodeado por un muro de oro. Su templo, consagrado a Cleito y Poseidón, medía 182 metros de largo por 91 de ancho y estaba sólidamente construido. Sus torres estaban forradas de oro y el resto de los muros de plata. Por dentro los muros estaban cubiertos de oricalco y adornados con incrustaciones de marfil, oro y plata. Allí se veneraban las imágenes doradas de la divina pareja y de sus diez hijos, a cuyos pies se depositaban cada año las ofrendas. Había en el recinto sagrado una fuente de agua fría y otra de agua caliente. En el anillo intermedio de la ciudad se erigieron hermosos edificios públicos: templos, jardines, gimnasios y hasta un hipódromo. Finalmente, en el anillo exterior, estaban los cuarteles y barracones de la guardia real y los arsenales de la marina, repletos de trirremes y aparejos.

  El paraíso, en la Atlántida también se extendía a su gobierno y a la paz, nunca sufrió el azote de una guerra en su propio territorio. Las leyes de la confederación prohibían a sus reyes guerrear entre ellos y los obligaban a acudir en auxilio de cualquiera que estuviese en peligro así como a deliberar en consejo sobre los asuntos comunes y a respetar el voto de calidad de los descendientes de Atlas. Así sucedió con los primeros reyes, que fueron pacíficos, piadosos y obedientes de las leyes, pero más adelante, cuando los lazos con la divinidad se aflojaron, los reyes atlantes se corrompieron, se volvieron tiránicos y codiciosos y emprendieron la conquista del mundo, dejando así de lado su apacible existencia y dejándose llevar por los bajos instintos humanos.

  Según se nos cuenta, los Atlantes habían conquistado partes de Libia y Europa y amenazaban a Egipto y Grecia cuando el ejército ateniense logró vencerlos. Este revés coincidió con el castigo de Zeus, el padre de los dioses que, mientras tanto, había convocado consejo de dioses para deliberar sobre el futuro de la Atlántida. En ese punto se interrumpe el Critias de Platón y tenemos que pasar al Timeo, Dialogo  también de Platón para saber el resto de la historia.

  El final de la historia es bien, conocido, un apocalipsis nunca visto  sobrevino sobre la Atlántida, debido al castigo, bueno más que castigo al exterminio ordenado por Zeus, debido a la soberbia a la que los atlantes habían llegado despreciando las viejas leyes, y a los dioses.

  Violentos terremotos e inundaciones azotaron el lugar y en solamente un día y una noche la isla Atlántida desapareció engullida por el mar para siempre. Tal catástrofe, hizo el mar intransitable debido a la capa de fango que levantó el hundimiento de la isla.

  Y esa ni más ni menos es la historia tal y como la conocemos gracias a Platón.

  A partir de ahí y más en tiempo recientes,  han disparado las teorías más o menos científicas, en algunos casos rayando lo cómico sobre la Atlántida. No hay más que ver como Aristóteles, discípulo de Platón, creyó firmemente que la historia de la Atlántida era una fábula de su maestro, sin duda esta es una de las razones con más pesos para cerrar la discusión sobre la Atlántida, incluso autores clásicos como Estabón, Plinio el viejo o Plutarco, nunca apoyaron la existencia de la Atlántida. Pero cientos de años después, el ser humano volvió a dar crédito y dar como verdadera la historia de la Atlántida

 

 ¿Existió la Atlántida?  

Como hemos ya apuntado, quizás el relato no es más que un invento de  Platón y simplemente quería mostrar su visión de una sociedad perfecta y los peligros que conlleva la corrupción.

Platón decía que las sociedades debieran tener una estructura tripartita de clases la cual respondía a una estructura según el apetito, espíritu y razón del alma de cada individuo:

  • Artesanos o labradores – Los trabajadores correspondían a la parte de “apetito” del alma.
  • Guerreros o guardianes – Los guerreros aventureros, fuertes, valientes y que formaban el “espíritu” del alma.
  • Gobernantes o filósofos – Aquellos que eran inteligentes, racionales, apropiados para tomar decisiones para la comunidad. Estos formaban la “razón” del alma

  Así vemos como encajaría perfectamente esa idea con la Atlántida.

  Pero aparte de Platón, el mito  no aparece en la literatura de la época y  se ha convertido en uno de los más misteriosos y apasionantes de la cultura occidental. El mítico continente podría haber desaparecido 11.000 años atrás, los que defienden de su existencia, muestran por ejemplo que la Atlántida existió y que el relato platónico se basa en hechos reales, aunque quizá deformados por el tiempo. ¿Acaso no se había creído que Troya cuya guerra narró Homero en la Ilíada era una ciudad imaginaria hasta que Schiliemann, un visionario, dio con sus portentosas ruinas en la llanura turca?; ¿Por qué no admitir la posibilidad de que la fabulosa capital de los atlantes, esta perfecta? “Pompeya oculta en las profundidades”, la llamó Julio Verne, ¿aguarda también a su descubridor?

  Es decir, se escudan en que una vez los textos antiguos tenían razón y la arqueología más académica se equivocaba. Pero lo de Troya, podría ser la excepción que confirma la regla.

  El mito cuenta que la Atlántida desapareció por el efecto desastroso de un cataclismo de proporciones bíblicas acaecido en el 9.000 a.C. según Platón. Esto, por ejemplo, podría dar respuesta al fin de la glaciación en Europa que, al no encontrar el obstáculo del continente perdido, la corriente cálida del Golfo habría podido alcanzar las costas europeas, provocando el derretimiento progresivo de los hielos. También daría explicación a toda la serie de afinidades mitológicas, lingüísticas y arquitectónicas, que unen a las dos orillas del Atlántico. ¿Estamos hablando, pues, de la civilización más antigua conocida?, algunos expertos creen en la posibilidad que su técnica fuese la más avanzada del mundo antiguo y que mantuvieron contacto con algunas de las civilizaciones más importantes de su época, como los egipcios, de esta manera la Atlántida sería ese punto de unión para explicar cómo en diferentes continentes y en teoría sin contacto entre ellos se construyeron edificios semejantes como las pirámides y daría respuesta a cómo la civilización Egipcia, gracias supuestamente a esos contactos con Atlantes, logró a conseguir un nivel tecnológico y cultural tan elevado.

  Igual de numerosas son las conjeturas sobre el origen de la desaparición: una tremenda erupción volcánica, un maremoto, el impacto de un meteorito… Pero numerosos geólogos están de acuerdo en confirmar que un continente de las dimensiones que Platón especifica no podría hundirse en el océano en una noche, ni siquiera la más violenta de las erupciones, al menos tal y como las conocemos hoy, habría podido provocar una catástrofe de tal envergadura. Por lo tanto, en los últimos años se ha barajado la hipótesis de algo todavía más destructivo. Por ejemplo, el impacto de un asteroide que habría agrietado la dorsal atlántica, haciendo desaparecer la Atlántida en el mar de fuego subterráneo y provocando toda una serie de catástrofes a escala planetaria e hilando con el famoso diluvio universal que aparece en la Biblia, hipótesis que ha sido defendida por notables científicos como Carl Sagan o Isaac Asimov.

¿Dónde estaba la Atlántida?

  Sin duda es una de las grandes preguntas de la humanidad, si jugamos con la hipótesis de que sí que existió la Atlántida, son las teorías sobre su ubicación. Y eso, creedme, daría para ríos de tinta.

  Una de las claves, en la que más se han fijado los expertos, es en las pinceladas geográficas que da Platón dónde, según su relato, la Atlántida floreció “Más allá de las Columnas de Hércules”, lo que sin duda nos lleva a la zona actual del llamado estrecho de Gibraltar. Pero estos apuntes y otros que parecen más o menos claro, también tiene su controversia para algunos estudiosos, así que la Atlántida la han situado en Creta con la civilización Minoica, en el Parque Nacional de Doñana (España), hundido en la dorsal Atlántica, cuyas actuales islas como las Canarias o las Azores formaron,  según algunas hipótesis, las partes más altas del continente perdido.

  Incluso historias curiosas de videntes como el Psíquico Edgar Cayce, han salpicado la historia de la búsqueda de la Atlántida. Cayce,  había predicho en 1900 que en 1968 o 1969, alrededor de las islas Bimini (Bahamas), se encontrarían vestigios de la antigua Atlántida. Y en efecto, en 1969, se atisbaron estructuras extrañas en la zona. Aunque algunos lo achacan a un fuerte Español hundido, el enigma sigue sobre la mesa.

  Bajo la capa de hielo que cubre la Antártida, Groenlandia, o el actual desierto del Sahara, son algunos de los posibles enclaves que se han suscitado a lo largo de la Historia.

  Actualmente florece la teoría que la Atlántida se encuentra en América, en el relato de Platón, se habla de jinetes , caballos y carros, y se sabe con certeza que éstos animales desaparecieron en América hace unos 11.000 años tras la última gran glaciación y ningún caballo trotó por tierras americanas hasta la llegada de los españoles.

  Como vemos, la búsqueda de algo que no sabemos ni siquiera si  en verdad existió, se ha convertido en una carrera del surrealismo y no siempre con buenas intenciones, ya que el vil metal, se encuentra muchas veces detrás de estas teorías o investigaciones.

  Sería más fácil pensar que algunos de esos restos que se van encontrando, son en realidad obras de la naturaleza, o en su defecto, no podemos descartas que por las subidas y bajadas del nivel del mar y otros factores, hayan provocado que civilizaciones, o una parte de ellas, que no tienen nada que ver con la Atlántida de Platón, comiencen a reclamar su lugar en la historia.

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 MU y Lemuria, las otras Atlántidas.

  Hay que resaltar un hecho que nos pueda dar una idea más global, se trata de la mención en otras culturas y otros continentes perdidos y hundidos.

  Hablamos por ejemplo de Mu, nombre de un continente o isla mitológica que, según algunas creencias, habría existido y desaparecido en el océano Pacífico relacionado a menudo o confundido con la Atlántida o Lemuria, a pesar de que las pruebas ofrecidas por la tectónica de Placas haga inviable la existencia de un continente en ese u otro lugar del planeta. Así pues esa tectónica de placas debería valer también para los que ven un continente hundido en el Atlántico o en cualquier otra parte.

  Cabe mencionar las Estructuras de Yonaguni, que son un conjunto de estructuras descubiertas en la isla japonesa de Yonaguni  alrededor de 1985, por el submarinista japonés Kihachirō Aratake, quien las halló por casualidad. Se trata de una serie de estructuras, (algunos quieren ver hasta Zigurats), que probablemente estuvo fuera del mar durante las eras glaciares, con formas en su superficie que parecen haber sido talladas por el hombre.

  Se ha especulado mucho sobre el origen de este monumento como se le denomina en Japón. Para diversos geólogos e historiadores, las estructuras podrían tener un origen natural, mientras que otros sostienen que estas estructuras muestran un trabajo artificial y humano, al menos en parte.

  Lemuria, el otro continente supuestamente ubicado en el océano índico, fue bautizado así, por algo tan curioso como de estar por casa: el geólogo inglés Philip Sclater ya en el siglo XIX, para explicar el hecho de que hubiera lémures, o parientes cercanos, tanto en la India como en el sur de África, formuló que por los albores de la aparición de la especie humana había un continente en el cual aparecieron y se expandieron los lémures, y que después el continente desapareció en el fondo del océano Índico .

Tartessos y el mito de la Atlántida

  Las leyendas y mitos relacionados con Tartessos, no cesaron siquiera cuando la brillante civilización comenzó su decadencia. El primero en formular la identificación entre la Atlántida y Tartessos, fue Adolf Shulten, basándose en las semejanzas que el supuesto emplazamiento de Tartessos, tenía con la descripción mitológica que Platón escribió. Otra posible semejanza es el lugar donde según Platón se produce la catástrofe, en Gadeirike, sin duda en topónimo nos evoca a Gadir, (Cádiz) fundada por los fenicios. Otro punto a favor de esta teoría, sería la descripción cultural, el modo de vida, tradiciones y gobierno del texto platónico, podría también encajar. Pero más allá de que Tartessos fuera de alguna manera la Atlántida o heredera directa de ésta, es una civilización real, fascinante en cualquier vertiente que nos acerca a esa civilización “superior” antigua que el ser humano de alguna manera busca en los anales de la historia. Es por ello que las siguientes líneas, deben ser dedicadas a desentrañar lo que conocemos a todos los niveles de Tartessos.

  • En fuentes antiguas: Fue Hecateo de Mileto (S. VI-V ac.) el primero en hablar de Tartessos como un “país”, Herodoto, en cambio, duda en aplicar el calificativo de “Chora” (país), o “emporion”(lugar de mercado). Pero fue un poeta llamado Festo Avieno quien con sus testimonios, dieron pie en el siglo XX a Shulten para otorgar el Status de ciudad. Hoy día como veremos se cree en realidad que Tartesos fue una rica cultura que abarcó la baja Andalucía, sin tener muy clara que hubiera una capital, un centro.
  • Origen mítico: En un principio, Tartessos, quedó definido como el río que bordeaba la isla de Erytheia, famosa en las fuentes legendarias griegas por ser la sede del primer monarca tartésico: El tricéfalo Gerión, el rey del ganado al que Hércules mató en uno de sus trabajos. Precisamente Erytheia es el nombre de la hija de Gerión, cuyo hijo Noraz colonizó Cerdeña. Descendientes del linaje de Norax fueron los otros dos legendarios reyes de Tartessos más conocidos: Gargoris y Habis. El primero de ellos enseñó al pueblo el uso de la miel y el valor de ella (una metáfora sin duda del conocimiento del comercio); en cuanto a su hijo Habis, su leyenda es uno de los mitos  más habituales del mundo mediterráneo: el hijo al que su padre manda matar, se salva y convive con animales salvajes para finalmente ser reconocido por su padre y poder reinar. Habis se encargó de enseñar a su pueblo la agricultura y las leyes, gobernando pacíficamente y en paz durante largos años. Uno de los descendientes presuntamente de Habis, Argantonio, (gobernó entre el siglo VII hasta mitad del VI) podemos decir que es el único con el que tenemos algún que otro dato que nos hace pensar de su verdadera existencia, obviando quizás la longevidad que se le atribuye, 150 años.

  Como vemos dicha cultura no es diferente a otras como la romana o incluso la egipcia, dónde para explicar el descubrimiento de la agricultura, por ejemplo, se recurre a Dioses, o reyes con sabiduría excepcional.

  Interesante también el componente Céltico que encontramos en la tricefalia de Gerión, rey de tres cabezas, una reminiscencia de la triada divina indoeuropea.

  • Economía y Sociedad: A pesar de las dudas suscitadas, la arqueología nos ha dado pruebas irrefutables de la existencia de una cultura rica de carácter orientalizante, muy influida por el mundo griego y fenicio en todas las cuestiones. Yacimientos como el de Carambolo, Almuñécar, o Topscanos, nos han ofrecido materiales, cerámicas herramientas, adornos y joyas suficientes para podernos hacer una idea de lo que fue dicha cultura.

  Así pues no cabe duda que Tartessos, gracias a su privilegiada situación minera, prosperara y se erigiera como una potencia rica de tamaños colosales. Oro y Estaño abundaban por la zona .

  Pero Tartessos no fue un simple emporio de metales, sino un verdadero pueblo de metalúrgicos.

  Los fenicios llegaron y se establecieron en la actual Cádiz, debido a su déficit en metales, eso propicio un comercio incesante entre los fenicios y los Tartessicos, A cambio de metales y minerales preciosos, los Tartessos, recibían telas, ámbar, cerámica, y objetos decorativos orientalizando de esta manera el día a día de Tartessos.

  La sociedad Tartésica, estuvo fuertemente jerarquizada, con una aristocracia dominante representada por la milenaria monarquía de Tartessos.

  En cuanto a la escritura, aparece en torno al 700 ac. En el bajo Guadalquivir, aunque los testimonios más antiguos proceden de Huelva y Medellín. Su empleo según conocemos, fue restringido, generalmente grafitos, excepto el grupo de estelas funerarias encontradas en el sur de Portugal, de imprecisa datación. El “alfabeto” de unos treinta signos, es en parte actualmente indescifrable.

  Respecto a los cultos, existen y se han encontrado un elenco de santuarios en la zona dedicados al Sol, a la luna.

  • El final de Tartessos. Sin duda un tema apasionante, pues en verdad no conocemos que sucedió para la desaparición de dicha cultura, aunque como veremos, quizás no desapareció… Shulten, por ejemplo, creyó ver el final de Tartessos debido a un bloqueo del Estrecho impuesto por Cartago y posterior destrucción sangre y fuego. Otros estudiosos apuntan a mercenarios de la meseta que acabaron desestabilizando al reino.

  Actualmente se cree que Tartessos se fue diluyendo poco a poco entre los pujantes iberos, transformándose en la Cultura Turdetana, heredera de esta mítica civilización.

Atlántida, Tartessos, Tarsis

  A lo largo de la Historia, se han empeñado y relacionado a Tartessos, esa cultura rica y enigmática, con otras culturas y ciudades míticas como la Tarsis Bíblica. Ya en 1580, el Jesuita Juan Pineda, consideró las menciones bíblicas de unas naves cargadas de riquezas que volvía de la remota Tarsis a Fenicia, era, sin duda, la Tartessos que se encontraba en los textos grecolatinos. La investigación actual , parece descartar una ubicación occidental para Tarsis, con lo cual, una de las incógnitas parecen despejarse, aunque ya en el siglo XXI, curiosamente esa relación de instituciones de prestigio como el CSIC Español o National Geographic, parece retornar con fuerza dicha idea.

  Otra de las incógnitas, es la relación de Tartessos, con la Atlántida, y aquí sí hay más discusión y datos.

  Adolf Shulten, el arqueólogo Alemán que quiso emular a Heinrich Schliemann (descubridor de Troya) encontrando una civilización mítica, fue quien popularizó la idea de que Tartessos fue la Atlántida. Su vida dedicada a Tartessos y la Arqueología, quizás no tuvo el premio que él deseaba, pero sin duda trazó una senda en la que todavía  en el siglo XXI no solo se continúa, si no que parece no tener fin.

  Así en el año 2005 , un equipo multidisciplinar del CSIC y de la Universidad de Huelva, retomaron el viejo sueño de Shulten y trabajaron para comprobar sobre el terreno  si las formas geométricas que se vislumbraron en las imágenes de 1996 del Espacio Natural de Doñana obtenidas desde el satélite indio IRS y señaladas por unos investigadores alemanes (Werner Wickboldt y  Rainer W. Kunhe) y por  escritor especialista en la Atlántida hispano cubano Georgeos Díaz-Montexano, correspondían a un yacimiento arqueológico de importancia tal como la Atlántida o Tartessos. Los resultados de las pruebas realizadas (georadar, tomografía, sondeos, catas sedimentológicas) entre 2005 y 2010 no permitieron una conclusión rotunda aunque se insistió en que era muy poco probable que fueran naturales o geomorfológicas, tal como se refleja en los informes presentados ante el CSIC y la Junta de Andalucía.

  A Pesar de todo es interesante tanto la investigación , como el posterior documental, de National Geographic (2011) sobre dicha investigación, aportando datos que hacen sospechar que quizás la zona sí fue azotada por un gigantesco tsunami , engullendo posiblemente a una civilización o parte de ella , para siempre. ¿La Atlántida?, quizás más bien Tartessos y sus grandes construcciones, ya que no olvidemos que no se han encontrado hasta la fecha ningún centro, ciudad o grandes construcciones, Tartesicas. Los expertos han afirmado que se debe a que utilizaron materiales como la madera que son más fáciles de desaparecer sin dejar huellas con el paso del tiempo. Pero… ¿Y si ese centro, esa ciudad Tartessica de piedra fue engullida por un tsunami?, no podemos olvidarnos de que  los Tartessos eran maestros artesanos de la metalurgia, seguro que eran diestros en construcciones.

 

Cancho Roano, ¿La conexión Atlántida – Tartessos-Egipto?

  Cancho Roano, es un yacimiento arqueológico que está situado en “Zalamea de la Serena” en Badajoz. Estamos ante el conjunto tartésico mejor conservado de la península ibérica y según el documental de National Geographic, basado en las investigaciones que en el apartado anterior hemos comentado,  pudo ser construido por los refugiados de la Atlántida en recuerdo de su ciudad hundida que según dicha teoría puede continuar enterrada en la marismas de la Atlántida.

  El reportaje ofrece una fascinante solución al enigma de Cancho Roano, cree que este lugar es un monumento en recuerdo de la ciudad de la Atlántida. Afirma que se trata de una ciudad ritual o una réplica en miniatura de la antigua Tarsis o la Atlántida, y aparece Tarsis en la ecuación nuevamente, porque dichos expertos, creen que Tarsis en realidad era la Atlántida y Tartessos, cosa sorprendente, porque los estudios recientes como, hemos comentado, descartan tal hipótesis, pero en el asunto de la Atlántida todo parece valer cualquier teoría del pasado, o presente son recogidas y tratadas como hipótesis de trabajo.

  Es por ello que vale más la pena fijarnos en los datos arqueológicos recogidos en Cancho Roano.

  Sabemos que la construcción original, data al menos del siglo VI ac, aunque el edificio fue ampliado y modificado en siglos posteriores. Su destrucción, ha sido datada hacía el 370. Ac, causada claramente por un incendio, desconocemos si accidental o intencionado.

  Algún avispado lector, se habrá dado cuenta que la datación dada para ésta construcción (s. VI), no concuerda con la civilización Tartessica (s. IX-VII ac), efectivamente, lo propiamente Tatesico, está limitado únicamente a un nivel inferior de excavación. Así pues la estructura más visible , que se llegó a denominar “palacete”, es en realidad un altar de sangre para sacrificios rituales, con una tipología definida para otros similares en el Mediterráneo oriental, como define el Profesor Antonio Blanco Freijero, y desde luego, muy posterior a la civilización tartésica. No puede llamarse “conjunto tartésico” lo que corresponde a una época dos siglos posterior a la desaparición de Tartessos, ni puede llamarse “palacio” a unas estancias de reducido tamaño en ningún modo adaptadas a la función suntuaria y política que se supone a tal tipo de construcciones.

  La planta de la construcción, cuadrada, se orienta hacia el Este, y está rodeada por un foso, que supuestamente contenía agua de forma permanente. Contiene una serie de altares, lo que nos da una idea clara de su función religiosa. En su interior se han encontrado objetos como ánforas, con cereales, alubias, frutos secos y vino. Los molinos de piedra, vasija de cerámica y de metal y algo que nos ha dado una información muy valiosa comercial o de intercambio ya existente en la época , pues se han encontrado cerámica procedente del Ática, datada ente el 430 y el 375 a.

  También se ha recuperado muebles adornados de marfil, anillos y pendientes de plata, recipientes de perfume, piezas de juegos, accesorios de caballería, armas de hierro o estatuillas y esculturas de bronce de gran calidad, así como los restos de un hombre y seis mujeres. Pero como vemos lo arqueológicamente en su mayoría encontrado, no solo no corresponde con la Atlántida, si no que es posterior a la cultura Tartesica.

  A pesar de ello, algunas hipótesis se apoyan en la forma del altar de este templo que  refuerza la conexión con la Atlántida de Platón, ya que se trata de un símbolo faraónico del que el filósofo griego habla en sus escritos por la relación de los atlantes con los egipcios. Pero hay aún una prueba más de la posible relación de Cancho Roano con esta ciudad perdida, se trataría de una estela de piedra grabada, en la que aparece un guerrero con una lanza y una serie de círculos uno dentro de otro, que vienen a significar la ciudad que protege, cuya forma es idéntica a la que describe Platón.

¿Un símbolo faraónico muy antiguo?

  Este símbolo, ubicado  en el yacimiento arqueológico de Cancho Roano se remonta al faraón Ahmosis (1.600 a.C), y representa un símbolo de metalurgia sagrada. Este símbolo vincula el lugar, con los herreros reverenciados por los antiguos faraones. Eran herreros expertos en fabricar objetos sagrados, y sabían trabajar el metal de forma precisa. Sólo existen tres ciudades antiguas, destacadas por el dominio de los metales, Tartessos, Tharsis y la Atlántida.

Pero este símbolo también significa otras cosas que en definitiva se pueden relacionar entre sí…

  Estamos hablando posiblemente de Un Shen Egipcio, que se utilizó para enmarcar y «proteger» el nombre de los faraones, al encerrar los jeroglíficos de su nombre dentro de él antes de esa otra evolución hacia el “cartucho ” de protección que conocemos mejor.
Además, efectivamente podría tratarse del símbolo del Cobre ♀, que también representaba al Planeta Venus y a la Diosa Tanit (Astarté, Afrodita, Venus) y al género femenino, Curiosamente, Astarté era muy venerada en Chipre (la otra posible ubicación de la Atlántida), donde son famosas las minas de cobre, tal y como ocurre con las minas de Rio Tinto de cobre en el Sur de la Península.
Pero hay mucho, más detrás de este símbolo, Gracias a las apreciaciones siempre acertadas del Alquimista Luis Silva, podemos acercarnos de una manera nueva a dicho símbolo.

LUIS SILVA: “El círculo siempre ha simbolizado tanto al universo, como a lo espiritual, a la bóveda celeste… si este círculo tuviera un punto central significaría por un lado el símbolo del oro, ya usado de muy antiguo por los egipcios y por otra de la unidad a la eternidad. Del punto central (creación) al círculo exterior (lo creado), es decir, como el ouroboros o la serpiente que se muerde la cola, que significa tanto el principio de unidad como el del eterno retorno. Todo regresará a su fuente.
Este círculo está sobre una línea horizontal, la línea horizontal, como su nombre indica simboliza al horizonte y los antiguos veían el horizonte como una línea recta, mientras que la bóveda celeste como un círculo. Además si jugamos con la posibilidad que este símbolo es anterior a la Ank, sin duda se proyectó con el tiempo en la cruz egipcia. La cruz egipcia es muy antigua, en muchas ocasiones se la ve agarrada por la mano desde su círculo y enfocada a la nariz de otras personas. Es el símbolo de la chispa vital, del alma, del pneuma griego, significa el alma y su inmortalidad. La chispa vital de la materia… es la llave de la vida y del el alma, sin ella la materia estaría inerte.”

  Es increíble como un símbolo antiguo, puede decir tanto, pero hay más, existe otra posible teoría, que nos indica que podría tratarse de un símbolo de unión entre lo femenino y lo masculino, ¿Estaríamos hablando de Cancho Roano como un lugar religioso, dedicado a la unión de lo masculino y femenino, cobre y Estaño?.¿O quizás dicho símbolo nos demuestra las influencias Egipcias y que los egipcios tuvieron un papel importante en la Península?
Habrá que seguir investigando este fascinante Símbolo.

La Civilización Minoica, una Atlántida en toda regla.

  Tal y como hemos dicho, la cultura minoica, podría ser considera, lo fuera o no, una Atlántida, un lugar de conocimientos avanzados y una civilización de la que disponemos constancia tanto arqueológica como en fuentes.

  Unos 110 Kilómetros al norte de Creta, está situada la isla que hoy día conocemos como Thera (miedo), antiguamente sus habitantes la llamaban Kalliste (la muy hermosa). Un lugar donde floreció una de las civilizaciones más enigmáticas de todos los tiempos, la de los minoicos.

  Sus maravillas eran tan apreciadas que fue la envidia de faraones de Egipto. Poseía la primera flota del mundo y su autoridad abarcaba desde las costas orientales hasta Italia.

  Según sabemos, disponía de agua caliente, que se repartía por los edificios de hasta cuatro pisos de altura. Pero el paraíso fue sacudido a finales del Siglo XVII ac por una terrible explosión volcánica

  Era un pueblo pacífico, muestra de ello es que no dejaron ningún signo de violencia en su arte. Sus ciudades no estaban fortificadas y no se conoce, hasta su ocaso, ninguna evidencia que haga pensar que sufrieran algún tipo de invasión o ataque por parte de otro pueblo.

  No se sabe a ciencia cierta de donde procedía este pueblo, pero lo que sí es seguro es que alrededor del 3500 a.C. éstos ya habitaban la isla egea (hasta el momento no se han encontrado herramientas o piezas del alfarería anteriores a esta fecha).  Su desarrollo tecnológico, solo comparable al ocurrido en Egipto entre las dinastías III y IV cuando pasó de construir mastabas funerarias a erigir colosales pirámides… el Imperio Minoico, mejor dicho su marina, dominaba gran parte del Mediterráneo.

  Una de sus principales fuentes de recursos era el comercio y sin duda Egipto fue su principal socio comercial o del que al menos tenemos mayor constancia.

  Gracias a los Egipcios, conocemos el momento en el que dejaron de tener contacto con el Pueblo minoico, es en la tumba de Amenofis II (también llamado Amenhotep II) dónde los jeroglíficos aluden por última vez a Keftiu (Así conocían Egipto al país minoico) en una imagen en la que aparecen unos extranjeros con objetos minoicos.

  También tenemos como documento importante “las Lamentaciones de Ipuur”, donde encontramos el siguiente esclarecedor fragmento:

Hoy nadie navega hasta Biblos. ¿Qué haremos respecto a la madera de cedro para nuestras momias? Los sacerdotes son enterrados con sus productos; los nobles son embalsamados con sus óleos correspondientes, hasta tan lejos como Keftiu. Pero ya no llegan.“… ya no llegan, algo les ha debido ocurrir… “

Definitivamente algo les sucedió.

El fin de una civilización.

  Thera o Tera, era una isla de unos dieciséis kilómetros de diámetro en cuyo centro se erguía una montaña volcánica de lava solidificada de un kilómetro y medio de altura. Hacia el año 1470 a. de C. (la fecha se deduce del análisis por radiocarbono de un trozo de madera que quedó engastado en la lava) la montaña, sometida a enorme presión, estalló. Más de veintidós kilómetros cúbicos de rocas saltaron por los aires. Se calcula que volaron ciento diez kilómetros cuadrados, unos dos tercios de la isla, y que el estampido de la explosión fue percibido en Escandinavia. La materia expulsada por el volcán, en forma de chorro de magma incandescente, piedra pómez y ceniza, cubrió la parte restante de la isla. Casas y cultivos quedaron sepultados debajo de un enorme sedimento de sesenta metros de espesor. Estos materiales son hoy cantera inagotable de puzolana. La ola que levantó la explosión de Thera alcanzó unos cien metros de altura. Éste debió ser sin duda  el «toro venido del mar» que derrotó a los reyes minoicos.

  La fuerza de la explosión del volcán de Thera sería comparable a la desprendida por 150 bombas de hidrógeno estallando a la vez. Fue 6 veces más potente que la explosión del Krakatoa en 1883 y hay que recordar que ésta fue escuchada a más de 3200 km de distancia y tuvo la suficiente fuerza como para agrietar muros y hacer temblar ventanas a más de 160 km. En Tera, tras desaparecer el volcán, inmediatamente se formó una enorme nube que cubrió el cielo. Comenzó a llover fuego sobre las vecinas islas de Melos, Naxos y Creta. Mientras la nube, formada por ceniza y una cortina de vapor que aparecía y desaparecía en sus bordes, avanzaba desprendiendo un calor intenso. En menos de una hora la sombra de la muerte alcanzó los 300 km de distancia hundiendo los barcos que se encontraba en su camino. Llegó a Turquía y Egipto convirtiendo el día en noche aunque su temperatura y fuerza habían disminuido mucho. La sombra continuó hacia el este sobre Siria e Irán y se fue dividiendo y suavizando mientras recorría Asia. Cabe mencionar que se han encontrado restos de la capa de ceniza terana en diversas partes de Egipto.

  El tsunami que se originó tras la explosión de Tera.  Fue tan devastador  que por ejemplo, se sabe que en el golfo de Kerme (Turquía), a más de 200 km al este de Tera, la ola llegó con tal fuerza que gracias a la holografía del terreno, que actuó como cuña, ésta se elevó hasta los 250 metros de altura y penetró más de 50 km tierra adentro. Algo parecido ocurrió en el oeste, en el golfo de Nauplis (Grecia).   Cuesta imaginar que efectos devastadores acaecieron en la costa norte de Creta a causa del tsunami. La ciudad de Cnosos (al norte de la isla) debió sucumbir ante la fuerza del agua y la mayor parte de la flota (por no decir toda) atracada en su puerto de Heraclión debió quedar reducida a astillas

  Y así fue como terminó una de las civilizaciones más avanzadas de la antigüedad, quizás sin esa catástrofe, la humanidad hubiera seguido otro camino, lleno de conocimientos y todo se hubiera precipitado tecnológicamente.

Pero… ¿Es la Atlántida de Platón?, muchos expertos lo descartan, pero sin duda es una civilización a la altura de la mítica Atlántida y que también desapareció por un terrible cataclismo,

 

Conclusión

  La búsqueda de la Atlántida seguirá, surgirán mil teorías más, se escribirán cientos de libros sobre el tema y se encontraran restos de antiguas civilizaciones que se asociará a la mítica Atlántida. Quizás ese empuje nos permita avanzar en conocimientos. Unos conocimientos sobre nuestro planeta, sus cambios climáticos, las catástrofes naturales que hicieron estragos en muchas culturas y civilizaciones que solo conocemos de pasada, y en algún caso las desconocemos hoy día totalmente.

  Seguramente Platón, jamás se imaginaria las consecuencias de esas pocas líneas donde aparece la Atlántida, quizás, solo buscaba expresarse libremente, hablar de política y de su mundo ideal, pero eso ya no importa, la búsqueda del conocimiento, continúa.

Si queréis saber más del tema, podéis escuchar la sección especial que dedicamos en “Más Allá de la historia” en la que hablamos de este apasionante tema:

PRIMERA PARTE

SEGUNDA PARTE


 

 

CRISTÓBAL MARTÍNEZ

Cristóbal es licenciado en Historia y Master en educacion convirtiéndole así en nuestro profesor particular de historia. Siempre buscando en el pasado temas poco conocidos o tratados en los medios, es uno de los más ortodoxos del equipo. A pesar de su reciente incorporación poco a poco se ha ido haciendo un hueco en el equipo y ahora dirige la sección “Más allá de la historia”, un apartado dónde se adentra en los secretos de algunos momentos históricos con un prisma diferente a lo habitual. Cristóbal era un oyente activo del programa y un día, una casualidad y un extraño viaje, hicieron que finalmente se incorporara de manera oficial a finales de la tercera temporada.


San Jerónimo de la Murtra
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Pablo López es Graphic Design & Social Media y WordPress Senior en ClickOnline360 . Técnico en transporte sanitario, Máster en marketing digital y estudiante de egiptología ha realizado trabajos para los escritores y editoriales más importantes del país. Director, presentador, editor de sonido y diseñador web es el creador e impulsor del programa.

8 Comentarios

  1. Ante todo felicitar al autor del artículo, por haber logrado hacer un interesante resumen de la cuestión. No obstante, me gustaría hacer algunas puntualizaciones que considero importantes, y que espero los lectores sepan agradecer.

    Primero, es importante dejar claro el error tan grande que se ha extendido al confundirse las dimensiones de la gran llanura central de la isla, donde se hallaba la comarca de Atlas y la misma metrópolis circular concéntrica, con la extensión total de la isla. Se trata de un error, porque esas medidas de 3000 estadios de longitud por 2000 estadios de amplitud en su centro (que arroja una superficie de 183 750 km², partiendo de una media de 175 m para cada estadio de la época de Solón), se dan solo para la llanura de la región del rey Atlas. Pero de las dimensiones de las restantes nueve regiones, correspondientes cada una a un rey de los diez hijos de Poseidón y Kleitos, no se indica en ningún momento su tamaño; solo se dice que tenían similares o diferentes dimensiones. Por consiguiente, asumiendo que las restantes nueve regiones fueran -por poner una media- del mismo tamaño que la llanura de la región de Atlas, entonces toda la isla Atlantis tendría un tamaño de 1 837 500 km², esto significa que, aproximadamente sería, más del doble que toda Iberia. A modo de comparación: un poco más grande que el actual territorio de Libia (1 759 541 km²), y algo más pequeña que México (1 964 375 km²).

    En cuanto a la cuestión de la naturaleza de la narración, y después de casi dos décadas de estudios directos sobre las fuentes paleográficas, es decir, sobre los códices y manuscritos que asumimos son copias fidedignas de sus propios escritos, pocas dudas me caben de que Platón fue absolutamente honesto cuando sostuvo a través de Critias el Menor y del íntegro y sabio Sócrates, que se trataba de una “historia verdadera (en griego: alêthinon logon) y no un mito inventado”, una historia sustentada en antiguas tradiciones orales (en griego: ek palaias akoês). En cuanto a lo que pretendía Platón, pienso que simplemente su objetivo, digamos académico, era simplemente ilustrar mediante la historia de la Atlántida, justamente un ejemplo de diálogo del tipo histórico, antropológico o más propiamente dicho arqueológico, en el sentido clásico de una narración sobre historias antiguas, que en la mentalidad griega, como vemos ya antes en Heródoto, siempre se conformaban de narraciones verdaderas o históricas propiamente dichas y tradiciones orales, leyendas y también mitos. Platón había fundado una Academia, y en la misma se podía estudiar casi todas las materias del conocimiento, no sólo filosofía o religiones comparadas como tal sino también geometría (matemática y geografía), filología o gramática, etimología, física y astronomía, por lo que es más que obvio que no podían faltar asignaturas o materias tan importantes como la historia o arqueología. Así pues, el diálogo del Critias, brevemente esbozado en la introducción del Timeo, viene a cubrir en su magna obra y vasto programa académico, el espacio de una asignatura o materia sobre Historia o Arqueología, y para ello, Platón eligió una historia conservada en el legado de su familia, por herencia de su tío-trastarabuelo Solón, quien a su vez la había traído de Sais, Egipto, por la importante razón que tal historia trataba sobre la arqueología de los mismo atenienses, pues esencialmente lo que se narra en el Critias es la historia de una gran gesta ateniense: la victoria de la primigenia Atenas micénica contra un poderoso ejército invasor proveniente de una isla que tenía su comienzo en el Atlántico, justo ante la boca misma de las Columnas de Hércules.

    Sobre la cuestión de la Atlántida y Tartessos, es importante aclarar que de ningún modo son ambas lo mismo. Y este es uno de los puntos que tengo más que claro. Pienso que Tartessos, como civilización que hunde sus raíces en el final del Bronce peninsular ibérico, en última instancia puede ser considerada una civilización heredera o descendiente de la anterior Atlántica del Calcolítico y del Bronce, que es esencialmente de la que nos habla Platón a través de los textos de Solón, según fuentes egipcias, y otros autores antiguos, incluso ajenos a Platón. Tartessos, sería una civilización heredera de la Atlántida, por la parte europea, pues por la parte africana, Maurusia o Mauretano-Líbica, debió haber otra civilización o gran ciudad igualmente heredera de Atlantis, de la cual también he hallado referencias en otras fuentes clásicas, ajenas por completo a la tradición Platónica. Para ubicar mejor al lector, cronológicamente podemos decir que la destrucción de Atlantis como imperio o gran reino-estado y emporio, según las claras pistas que nos ofrece el mismo Platón en el diálogo del Critias, debió producirse en algún momento entre el 1800 y el 1500 a. C., cuando aún reinaban en la Atenas micénica los reyes del linaje de los Cecrópidas, tal y como es indicado en el Critias 110 a-b. Justo por entonces es cuando los expertos creen que se podría empezar a hablar en propiedad de los inicios de la civilización tartésica. De ahí que para mi Tartessos sería, en todo caso, una continuación de la civilización Atlántica o Atlante que después fue bastante influenciada, principalmente por la presencia de pueblos semitas como los fenicios y púnicos, pero también por otros del mundo griego en los tiempos del Tartessos clásico.

    En la primitiva ciudad de Jaén, en Marroquíes Bajos, se encuentran restos arqueológicos de unas construcciones circulares concéntricas con canales de agua intermedios, de unos 4000 años de antigüedad. La relación con el patrón urbanístico descrito para la metrópolis de Atlantis es innegable, de ahí que justamente fui el primero en percatarse de ello hace ya unos quince años. En aquél entonces la prensa se hizo eco de mi identificación de la ciudad circular concéntrica de Marroquíes Bajos en Jaén, con sus canales acuáticos alternados con fosos o anillos de tierra y el típico patrón urbanístico y arquitectónico descrito por Platón para la metrópolis de Atlantis. La semejanza esta fuera de toda duda y va más allá de una mera casualidad, tal como otros investigadores han empezado a defender después de mis escritos como, por ejemplo, el escritor y sonoterapeuta jienense Luis Lucena Canales, quien cree sería la misma Atlantis y el historiador y escritor, también jienense, Juan Eslava Galán, quien acepta en su libro, “España Insólita y Misteriosa”, mi descubrimiento en este sentido, y no solo acepta esta posibilidad o hipótesis descubierta por mi, sino que además va mucho más allá y considera que ¡podría ser una prueba que demostraría la existencia misma de la Atlántida! lo que evidencia un mayor grado de temeridad que el tan atribuido a mi persona por algunos pseudo-escépticos de turno, porque ni siquiera yo mismo -que soy el autor intelectual de estas hipótesis y descubrimientos- me he atrevido jamás a tanto. Lo máximo que he defendido es la posibilidad de que la ciudad circular concéntrica de tipo Atlante de Marroquíes Bajos pueda ser considerada como una de las tantas ciudades del imperio o reino de la Atlántida, en este caso, en el interior de la gran llanura del área continental ibérica. En fin, eso es lo que ahora nos trasmite Eslava Galán, y todo ello sin mencionarme; descuido este que respecto a mis estudios y descubrimientos relacionados con la Atlántida y Tartessos (salvo honrosas excepciones) parece haberse convertido en una constante entre la mayoría de los investigadores, tanto amateurs como titulados y académicos.

    Muchos creen que no existen evidencias o pruebas indiciarias suficientes a favor de la existencia de la Atlántida, personalmente creo que se han hallado suficientes pruebas indiciaras, cuando menos. Yo mismo he presentado mis propios descubrimientos en este sentido. La cuestión es que no basta con hallarlas, hay que conseguir algo que es mucho más difícil como es convencer a la comunidad científica internacional (o al menos la nacional) de que lo que has descubierto o identificado puede ser adscrito o interpretado como una evidencia física, ya sea arqueológica o sismológica que sustenta la veracidad histórica de la narración sobre la Atlántida. En el verano del 2003, por ejemplo, reporté ante la UNESCO, mediante un informe arqueológico preliminar, algunos de nuestros hallazgos y localizaciones de evidencias arqueológicas subacuáticas que fueron analizadas y ratificadas como tales por varios de los más destacados expertos a nivel internacional en arqueología subacuática o submarina como los doctores Cemal Pulak y George F. Bass. Si bien no pudieron determinar a qué civilización pertenecían, sí que expresaron su conformidad con nosotros en que no son meras rocas naturales o formaciones geológicas sino auténticos sillares construidos artificialmente por el hombre, algunos de ellos incluso llevan en su centro una especie de gran Tau o abertura en forma de T ¿Acaso inicial de Tartessos? Puede que sí, o puede que sólo sea una mera casualidad y que tales aberturas cumplieran simplemente otra función como por ejemplo, para ser sujetadas con cuerdas, y que estos grandes sillares fueran usados como especies de áncoras de piedra, pero aún así, seguirían siendo anclas de piedras muy atípicas y no conocidas hasta la fecha. También hallamos claros monolitos en forma de columnas y menhires y restos de posibles muros de edificación, objetos de cobre, y grandes ruedas monolíticas. Todo ello en profundidades que oscilan los -17 metros y los -40 metros, lo que descarta cualquier asentamiento romano ni de la Edad del Hierro. Habría que pensar en algo anterior, como mínimo a finales de la Edad del Bronce. Y lo no menos interesante es que tales evidencias submarinas han sido halladas en varios puntos cercanos a las costas de Cádiz y Huelva, o sea, en la misma área donde, según leemos en el Timeo y el Critias, tenía su inicio la Atlántida, delante de la boca de las Columnas de Hércules. También hemos reunido evidencias claras de varios eventos catastróficos que combinaron terremotos y tsunamis y que sucedieron en distintas fechas que encajan con el margen de tiempo que hemos establecido, a través de las fuentes escritas, para el fin de Atlantis o de su metrópolis. Y también hemos hallado no pocas evidencias muy significativas como la representación del símbolo de la metrópolis de Atlantis, a través de un motivo circular concéntrico con canal central, que hallamos muy distribuido en cerámicas desde el Calcolítico hasta finales de la Edad del Bronce y principios del Hierro por casi toda Iberia, y no sólo en cerámicas, también en el Arte Rupestre y estelas funerarias. El caso más espectacular, ha sido el descubrimiento reciente que hice de lo que considero una escena de la Atlántida representada en roca, al aire libre, en un lugar del territorio de influencia de Tartessos, no muy lejos de Cancho Roano, y donde vemos no sólo la ciudad de Atlantis con sus anillos concéntricos y barcos entrando en ella, y otros acercándose a la misma, sino también caballos y toros, los dos animales más emblemáticos y tributos del dios de los Atlantes, Poseidón. Todo ello fue representado aprovechándose formas y grietas naturales que fueron retocadas a conciencia, para terminar formando un rústico pero fácilmente reconocible mapa donde se puede ver Iberia, el estrecho de Gibraltar, la parte de Marruecos, y justo delante del estrecho, la gran isla Atlántida con la ciudad concéntrica de cara al estrecho. Tal mural puede ser datado alrededor del 1300 a. C. a juzgar por algunos de los tipos de barcos con akroterión en forma de ánade, idénticos a los barcos de los “Pueblos del Mar”. Es imposible resumir en este espacio el cúmulo de evidencias arqueológicas, epigráficas y paleográficas que hemos logrado reunir hasta la fecha que soportan con bastante rigor la teoría de que la Atlántida que Platón y otros autores nos refieren no es un mero mito sin fundamento histórico alguno. Recomiendo al lector mi reciente libro epítome sobre estos descubrimientos y teorías, el cual ya se puede adquirir a través de Amazon.com y otras de las más importantes librerías a nivel internacional.

    Luz de la Costa me preguntaba en una entrevista: “Podemos comprender que desde los altos estamentos de la “Historia Oficial” solo admitan conclusiones basadas en la arqueología o en documentos contrastados. Pero también es cierto que ante algunas evidencias, no han dudado en “apropiarse” de sus tesis e investigaciones. ¿Por qué ese empeño “oficial” en no reconocer los méritos de su trabajo?”

    A lo que respondí que, lamentablemente aún no tengo una respuesta certera sobre esta discriminación. Sólo sé, y perdonadme lo grotesco de la comparación, que me he llegado a sentir tratado exactamente igual que una “profesional del amor”, al que muchos hipócritas utilizan porque la necesitan, pero a la que siempre reniegan y evitan a toda costa ni siquiera mencionar. Y soy así de crudo, porque en los últimos diez años de mi vida he sido plagiado y vilmente utilizado y engañado por “respetables” profesores, doctores y científicos, y algún conocido político, escritor de la Atlántida y Tartessos también, quienes no han tenido reparo alguno en aprovecharse de no pocas de mis aportaciones y descubrimientos filológicos, paleográficos y arqueológicos, y en algunos casos hasta directamente contactarme como fuente de información para confeccionar un guión de un importante documental que sería producido y emitido por National Geographic, y después de prometérseme hasta un co-protagonismo en el mismo y obtener toda la información posible, hasta inédita, sencillamente pasaron de mi por completo sin mencionarme siquiera ni en la más pequeña de las letras en los créditos finales del documental, y lo más triste del asunto, es que tal uso y abuso de mi persona, y tal traición, fue orquestada por quienes en principio más debían haberme apoyado y permitir que yo saliera en ese documental, un par de profesores de una importante universidad andaluza que, obviamente, sí salieron en el mismo documental, y, encima, para mayor humillación aún, tratando de localizar algunos de mis descubrimientos como si fueran estos frutos de sus propios descubrimientos originales. El caso es que por dejarme fuera de una manera tan vil y mezquina de tan importante documental sobre la Atlántida y Tartessos de National Geographic, terminaron haciendo el gran ridículo internacional, al no dar con las mismas evidencias que sólo yo podía haber mostrado dónde se hallaban exactamente y el conductor, el gran profesor norteamericano que fue quien me contactó y prometió el oro y el moro, llega a cometer errores muy graves, especialmente cuando coloca en Cancho Roano, como la principal prueba de la teoría que deja para el final, como “plato fuerte” una estela funeraria de los llamados “guerreros tartésicos” pero que no es la que se halló en este templo sino otra que fue hallada en Córdoba, Y de este grosero y gravísimo error (por no hablar de falsificación histórica) nadie, ni siquiera el director de las excavaciones de Cancho Roano, que sale en el mismo documental, ha dicho nada hasta la fecha. El Dr César Guarde la Universidad de Barcelona, indignado por tales sucesos publicó un comentario de protesta o denuncia sobre el asunto. Puede leerse en la web de AGON. Gupo de Estudios Filosóficos: http://agonfilosofia.es/index.php?option=com_content&view=article&id=36:ngs&catid=13

    En los dos tomos del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica que he publicado entre 2012 y 2013 (http://goo.gl/iNjGUB), de manera muy resumida, el lector podrá hallar casi medio centenar de nuevas evidencias, entre epigráficas, paleográficas y lexicográficas, y arqueológicas. El lector podrá ver (la mayoría seguro que por primera vez) mapas antiguos y medievales donde se aprecia una isla de considerable tamaño situada justo delante de la boca atlántica de Gibraltar, ocupando el espacio entre Iberia y Marruecos, tal y como describe Platón, entre otros. Y dentro de estas nuevas evidencias o aportaciones originales de mis investigaciones el lector hallará incluso cómo he podido seguir el rastro de la historia de la Atlántida y hasta de Tartessos misma, a través de las fuentes primarias egipcias. Estoy seguro quedará sorprendido cuando vea como ya los propios egipcios, al menos desde las Dinastía XII y desde los tiempos de los Hicsos y durante todo el Nuevo Imperio, representaron a la original isla que dio origen a la historia y también leyenda, obviamente, de la Atlántida, representada en mapas y planos, justamente delante de lo que seria Iberia y Marruecos, en el Atlántico, en el remoto occidente de los egipcios, y frente a la tierra del dios Schu, el dios que como Atlas, es el que soporta el cielo, tal y como demostré hace ya más de diez años. A propósito, donde estarían las costas de Cádiz y Huelva, a veces aparece el revelador texto: “cuna o lugar de nacimiento de los Dioses o del Dios del Cielo (un posible epíteto para el mismo Schu o Atlas)”. De cara a estas, la gran Isla con un canal central, un puerto y uno o más barcos junto a lagunas o marismas y textos donde leemos claramente: “aguas de la inundación”. En fin, que invito al lector a descubrir por si mismo todas estas inquietantes evidencias y pruebas indiciarias sobre nuestro glorioso pasado histórico y legendario.

    Un cordial saludo para [email protected],
    Georgeos Díaz-Montexano
    http://www.AtlantidaHistorica.com

    • Hola Señor Georgeos Diaz-Montexano,
      Soy Cristóbal Martínez y como miembro del equipo Los Misterios Nos miran y en responsable del artículo, quería agradecerle su felicitación, pero sobretodo agradecerle la gran aportación realizada que sin duda nos enriquece a todos, más allá de que podamos estar de acuerdo o no sobre cada punto que desarrolla.
      Por ello le emplazo a que siga en contacto con el programa y nos aporte sus conocimientos en alguna futura edición del mismo en la que tratemos el tema..

      Un cordial saludo de parte de todo el equipo.

    • Le he modificado el comentario para que saliese correcto el enlace a sus libros y eliminado los dos posteriores, espero que no le moleste. Libros que además resultan muy interesantes.
      Muchas gracias!

      Un cordial saludo.

  2. Estimado Sr. Martínez: Agradezco que haya permitido el comentario, a pesar de ser tan extenso, y también las modificaciones que ha creído pertinente hacer, que no han alterado el mensaje, que es lo importante. Así que no se preocupe, que no me ha molestado en lo absoluto, sino todo lo contrario. Solo quería puntualizar, que esta respuesta está más acorde al ‘statu quo’ de mis investigaciones cuando terminé la redacción de los dos tomos del Epítome de la Atlántida Histórico-Científica hacia el año 2010, resultado de investigaciones que comenzaron a princpios de los noventa, tal como puede acreditarse en publicaciones de aquellas fechas y hasta en una entrevista radial en el programa deMiguel Blanco en el año 1992. Pero posterior al 2010 he descubierto muchas evidencias y pruebas indiciarias muy importantes que me han permitido modificar algunos pocos aspectos de tales conclusiones, como por ejemplo, cuando digo que: “la destrucción de Atlantis como imperio o gran reino-estado y emporio, según las claras pistas que nos ofrece el mismo Platón en el diálogo del Critias, debió producirse en algún momento entre el 1800 y el 1500 a. C.”, debo matizar que sería la destrucción final o última, es decir, del último resto que pudiera quedar de la capital circular concéntrica, quizá en una pequeña isla, pues según muchas importantes pruebas que pude descubrir y compilar posterior al 2010, desde cartográficas (mapas antiguos egipcios, y otros de tradición cartaginesa o púnica, pruebas científicas sísmico-tsunámicas, geológicas, y arqueológicas, entre otras), la destrucción más grande o principal, debió suceder entre el 2700 y el 2300, o como muy reciente, hacia el 1800 A.C., pero no antes, ni después, a juzgar por todas las pruebas sísmico-tsunámicas que han permitido contabilizar todos los grandes megatusnamis que sucedieron en la región del Atlántico cercano a Iberia y Marruecos antes de la Edad del Bronce. Todo ello se resume de la mejor manera posible en el último libro que publiqué sobre mis investigaciones acerca de la Atlántida Histórico-Científica, y que es un compendio del mismo epítome, o sea, como un resumen o un epítome del epítome anterior de dos tomos, pero en un solo libro. En este compendio, resumo los puntos más significativos y también añado muchas de las nuevas evidencias y pruebas indiciarias que han permitido modificar algunos puntos anteriores y actualizar la teorías y las diversas hipótesis manejadas años antes. Os dejo varios links al libro:

    Versión Ebook Kindel de Amazon: myBook.to/atlantisubicacionyantiguedadebook
    Versión Impresa B/N: myBook.to/ATLANTIDAUbicacionyAntiguedadPapel

    Y también me gustaría añadir que el mapa rupestre de época tartessia donde se puede observar una isla delante de lo que sería Iberia y Marruecos con una ciudad circular concéntrica con canales y barcos, que no podría ser otra que la misma metrópolis de Atlantis, ya no es el más antiguo, recientemente descubrí otro posible mapa de Iberia, Marruecos, el Estrecho de Gibraltar y de nuevo la gran isla delante de Iberia y el estrecho, que no podría ser otra que la misma Atlántida, con barcos que salen de la misma para colonizar Iberia, por el nortte y por el sur, pasando el estrecho, y también entrando en Marruecos, o sea, Libia. Os dejo esta noticia en el Diario IDEAL.ES (http://blogs.ideal.es/atlantida/2014/11/25/el-mapa-mas-antiguo-de-la-historia/) donde veréis algo resumido el asunto y enlaces a mi reciente libro sobre el origen occidental, entre Iberia y sur de Francia, de la escritura, ya desde tiempos paleolíticos.

    Espero que os resulte de interés…

    Un cordial saludo para [email protected],
    Georgeos Díaz-Montexano
    http://www.AtlantidaHistorica.com

  3. Qué ridículo esmerarse tanto en contradecir algo que ya es un hecho. La atlántida sí existe. Ya hubo hallazgos e investigaciones hace décadas. Es más, la pirámide principal que es un condensador de energía está justo debajo del triángulo de las bermudas lo cual explica los sucesos ocurridos allí. Hay tanta información y tantas pruebas que no me gasto en escribir. Solo con esmerarse en buscar, cualquiera puede encontrarlo. Pero claro, a la ciencia y al mundo, no le conviene profundizar ni hacer público este hallazgo porque desafía la historia tal como la conocemos, y las universidades del mundo siguen apegadas a sus teorías favoritas. La ignorancia es la enfermedad padecida por la mayoría de la humanidad que esperemos pronto se disuelva, mientras tanto, cualquiera que busque el conocimiento lo encontrará porque a pesar de las conspiraciones de los gobiernos, está al alcance de quienes están dispuestos a abrir los ojos y ayudar a dar un paso hacia adelante a la humanidad, y en el conocimiento de nuestros verdaderos orígenes.
    PD: yo fui una atlante así como tantos otros humanos encarnados actualmente y tengo recuerdos de mis vidas allí.

  4. Los científicos, Paul Weinzweig y Pauline Zalitzki, hicieron el hallazgo hace décadas y más personas independientemente. El único problema ahora es que nadie es capaz de financiar una profunda investigación al fondo del mar ahora que cambiaría la historia de la humanidad sin embargo todo está allí intacto

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