Recorría los pasillos de la Galería de Retratos del Ateneo de Madrid. El edificio  bicentenario y los retratos de aquellos ilustres personajes de siglos pasados presentes en esas obras parecían observarme.

Dándome en la nariz mientras recorro las estancias que quizá muchos desencarnados que en su época asistían al emblemático lugar creado como institución cultural privada,  Ateneo Científico y literario, continúan allí como ecos del pasado negándose a abandonar el lugar, su hogar. Parecen acostumbrados al bullicio que transita por el edificio a sus anchas durante el día, incluso escuchando las charlas y coloquios organizados, aunque muchos otros esperan a la soledad de la noche para sentirse seguros.

Otros  seguirán reivindicando a la libertad y seguirán deleitando a los demás con su sabiduría, aquella que antaño mostraron y regalaron a la sociedad de la época, ya que cabe destacar y no olvidar que todos los premios noveles españoles, algunos presidentes del gobierno, los integrantes de la generación del  27 entre otros han pasado por el Ateneo o han sido miembros socios de éste. Pero algo llama mi atención, de los centenares de cuadros que decoran las amplias paredes del lugar, me detengo ante el retrato de Jacinto Verdaguer, paisano y poeta…

Sus ojos parecen clavarse en mí, le observo, veo dureza en su  mirada, por unos segundos hielan, y mi piel se eriza. Ante tal sensación algo incómoda, decido ponerme en marcha, a unos metros  de mí asistentes a las charlas que durante esa jornada se están llevando a cabo, permanecen ajenos a lo que acabo de experimentar, parece que lo ocurrido con Jacinto Verdaguer sólo me incumbe a mí, el asunto es entre él y yo, los demás no le interesan. Entonces el ambiente se torna raro, se entremezclan las energías de entonces, con las revolucionadas de hoy día, parece que en cualquier momento van a entrar en conflicto, emprendiendo una cruenta batalla, parecida a la de los encarnados que fuera en la puerta en muchas ocasiones se oponen a la libertad y el progreso…

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Adentrándome en el salón de actos, observo la techumbre, quedo maravillada ante las pinturas que reinan, son las nueve musas del ateneo haciendo mención a la literatura, a la pintura, a la filosofía, a la historia a la poesía a la matemática… ¡qué bonito regalo para la vista! Ahora estoy segura que ellas me inspirarán. El escenario, las plateas…. Me paro unos segundos.. Me parece escuchar las tristezas y las alegrías, a los enojados y a los eufóricos, todo ello en  aplausos… de aquellos que nosotros ciegos, no vemos. Decido visitar su rica biblioteca, miles de autores, miles de libros… es como entrar en otro mundo…. Los rayos de luz  se filtran por las pequeñas ventanas.. dando a la estancia  un halo de misterio, sin duda es mágica.

Así que ya sabéis si sois de Madrid y los que no lo sois..  no dejéis de visitar este emblemático lugar. Eso sí, hacedme un favor, buscad a Jacinto Verdaguer, pararos ante él y ya me contareis.

Escrito por:
Marta Embid
embidmarta@gmail.com
 
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Pablo López es Graphic Design & Social Media y WordPress Senior en ClickOnline360 . Técnico en transporte sanitario, Máster en marketing digital y estudiante de egiptología ha realizado trabajos para los escritores y editoriales más importantes del país. Director, presentador, editor de sonido y diseñador web es el creador e impulsor del programa.

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