Llevar un tatuaje hoy día resulta algo de lo más corriente y común, de hecho es como una moda que se pasa, pero suele volver y cuando lo hace es comparable a un gran tsunami de indiscutible fuerza.

Para muchos significa dejar en la piel una huella perenne cargada de significado, donde tiene cabida lo místico, lo religioso, lo fantástico o simplemente lo banal de nuestras vidas.

¿Y por qué digo esto? Recientemente una noticia saltaba a los medios, la cual me maravilló, ya que estaba cargada de magia, una magia en la que ya pocos creen, porque hoy día pocas cosas nos sorprenden, creyendo que todo lo conocemos, que todo está descubierto y a veces ni siquiera nos aproximamos a lo que este mundo que nos parece en ocasiones anodino esconde.

Si nos paráramos unos minutos, estoy segura de que entonces nos daríamos cuenta de que pocas cosas han cambiado y que esa magia existe a pesar del tiempo transcurrido entre el mundo de las civilizaciones antiguas y  el nuestro.

Imagino a esa mujer egipcia que aparece como protagonista de la noticia, la cual vivió entre el año 1300 al 1700 antes de Cristo, y que tenía el cuerpo lleno de tatuajes.

Mi mente se traslada, y ve sentada a esa mujer, tatuándose para la eternidad, sintiendo las punzadas dolorosas que después se convertirían en dibujos, con gran significado, orgullosa de portar esos símbolos protectores y mágicos, y que luciría el resto de su vida, y sabiéndolo ella también protagonista después de su muerte.

Creía en el amor de la diosa Hator,  en la protección infinita del dios Horus… no, no eran simples adornos adheridos para siempre en su piel posiblemente tostada por el sol de Egipto.

Puede parecer que todo se queda en el plano subjetivo de las creencias de aquella época, pero no, es algo que trasciende y que va más allá

Ha llegado a nuestros días como un resorte, para hacernos ver que, no solamente es un tatuaje, si no para hacernos ver que la magia existe y ella es el ejemplo de ello.

Puedes leer la noticia completa aquí.

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