Eso tuvieron que pensar los habitantes de la región siberiana de Tunguska cuando el 30 de Junio de 1908 a las 7 de la mañana aproximadamente vieron como los cielos de esta helada zona de Rusia, muy cerca de el Río Tunguska Pedregosoeran, eran atravesados por una enorme bola de fuego de unos 80 metros de diámetro que haría explosión en el aire provocando un estruendo de tal magnitud que se llegó a registrar en los sismógrafos a miles de kilómetros de distancia.

La devastación fue de tal magnitud que destrozó los árboles de unos 2150 kilómetros a la redonda, y llegó a romper ventanas y derribar a personas al suelo en más de 400 kilómetros de distancia. La explosión fue tan intensa que durante varios días en partes de Rusia y Europa nunca se hizo de noche debido al enorme brillo que desprendía la zona. Hoy más de cien años después, nadie sabe que ocurrió con certeza aquella fría mañana.

La explosión se ha calculado que sería de una potencia de unos 30 megatones, que son aproximadamente unas 2000 veces más potentes que las desgraciadas bombas de Hiroshima y Nagasaki, pero claro, se tiene que tener en cuenta que este suceso ocurrió 37 años antes de la era nuclear.

Si esta explosión hubiera tenido lugar en una zona más poblada del planeta habría sido una catástrofe humana de una magnitud incalculable, por “suerte” fue en Siberia que ha día de hoy todavía puedes pasar kilómetros y kilómetros de espacios vírgenes sin ver ni a un solo alma, nunca mejor dicho, ya que se trata de una de las zonas con menos densidad de todo el planeta.

La población Tungus, habitantes y testimonio de lo sucedido, explicaban que la explosión había llegado a ser incluso más brillante que el propio sol. En el distrito de Kansk, a más de 600 kilómetros de distancia, contaban que las barcas de pescadores mecieron hasta lanzar al agua a estos mismos debido a la terrible potencia desprendida por aquella extraña explosión. También de decía que los caballos se desmayaban por el miedo debido al temblor tan horrible de tierras, incluso los objetos de las estanterías salían proyectados con una fuerza inusitada como si de metralla de la propia detonación se tratara.

El Transiberiano, tren que cruza prácticamente toda Rusia, tuvo que detenerse por que el maquinista pensó que descarrilaría por el tremendo movimiento que estaban haciendo los vagones.

Cráter

Curiosamente, hasta muchos años después, 1921, no se envió la primera expedición para investigar el suceso, ya que anteriormente el gobierno de los zares prefirió dejar el asunto en un segundo plano, no dándole prioridad alguna al suceso y alegando que era una “advertencia divina” para paliar las revoluciones que vivía en aquellos momentos la ciudadanía rusa. Lenin fue el primer interesado y envió al minerólogo Leonid Kulik al frente del equipo de expedición. A su llegada Leonid, a pesar del tiempo pasado, encontró una zona totalmente devastada en unos 60 kilómetros de diámetro. Tras varias investigaciones, Kulik estaba sorprendido ya que no encontró cráter alguno que demostrara que allí había tenido lugar ese impacto.

En 1938 se decidió a tomar fotografías aéreas de la zona en búsqueda de algún indicio que le pudiese guiar a la hora de buscar el epicentro de tal explosión, algo que nunca pudo encontrar, ya que aún hoy no se ha localizado el mismo, se sospechan de algunos lados o formaciones rocosas, pero nada concluyente. Lo poco que si pudo descubrir entonces es que la catástrofe tenía forma de “alas de mariposa”, lo que  indicaba que se habían producido dos explosiones seguidas y en línea recta.

Leonard Kulik

En los años 50 y 60 sucesivas expediciones encontraron enterrado en la zona devastada materiales microlítos cristalinos, níquel, iridio y magnetita entre otras cosas, lo que llevo a los investigadores a expresar que el origen del impacto era natural de origen extraterrestre, refiriéndose a algún tipo de meteorito que detonó poco antes de tocar tierra. El único indicio de la zona de impacto parece que lo encontraron una expedición italiana afincada desde 1999 en la zona y que en 2007 llegaron a la conclusión que el Lago Cheko esta vinculado al suceso debido a que no se tiene conocimiento oficial del lago antes de 1908 y también a que este lago tiene una profundidad de 50 metros y una extraña forma cónica en su interior. Tras varias resonancias se sabe que en la profundidad existe un fragmento de roca sólida enterrada. Pero al parecer la posibilidad de que este lago fuera el epicentro de la explosión se desvanece por que alrededor del mismo existen árboles con mas de 100 años de antigüedad que no podrían haber sobrevivido al impacto. Lo que si se cree con certeza es que fuera un fragmento menor en desaceleración del supuesto meteorito el que impactaría en esta zona para crear este lago cónico. De todas maneras ninguno de estos resultados son concluyentes ya que según los mismos investigadores necesitan mas pruebas de la profundidad del lago.

El mundo científico no avala esta posibilidad pues según ellos no es posible que se creara un impacto menor y no existiendo impacto principal, como pasaría en casos como el cráter de Arizona, o el de Campo de cielo  en Argentina.

Yuri Lavbin, un prestigioso ingeniero y ufólogo ruso, tras realizar sus propios estudios, propuso la teoría de que una nave extraterrestre destruyó un meteorito que se dirigía a impactar sobre la Tierra, pues asegura tener en su poder materiales recogidos en 2007 que no se pueden encontrar en nuestro planeta. Teoría rápidamente menospreciada por el mundo científico y tomando por “loco” al propio Yuri.

Kirill Florensky, un geoquímico que hizo varias expediciones en los años 50 y 60,  fue quién propuso que la falta de cráter era debido a que un cometa, o parte de él, había entrado en la atmósfera y al traspasar las diversas capas que cubren a la Tierra, se provocó una fusión nuclear que seria el resultado de las diferentes explosiones producidas en el aire y por eso no existiría zona de impacto. La altura de la explosión estaría aproximadamente a unos 8 kilómetros. También se explicó que el día anterior a la explosión hubo una lluvia de meteoritos llamada táuridas, y el cometa 2P/Encke, se encontraba muy cerca de la Tierra. En 1989 los astrónomos Alessio, Harms y Sirnet apoyaron la teoría y añadieron que un cometa con cantidad de Deuterio anormalmente alta en su interior podría haber explotado como una bomba de hidrógeno natural. La secuencia habría sido la siguiente:

Primero una explosión mecánica o cinética, y acto seguido una termonuclear provocada por la primera. Pero según la comunidad científica tampoco hay ninguna prueba que avale esta teoría.

Otras hipótesis hablan de la Antimateria y una posible Tormenta magnética, pero prácticamente fueron descartados desde el inicio, ya que la complejidad de que fuera alguna de estas dos es tal que sería un misterio sobre el misterio.

Nikola Tesla

En el mundo de la conspiración existe otra hipótesis que no es nada descabellada teniendo en cuenta los logros conseguidos por este fantástico genio que no es otro que Nikola Tesla. Este  inventor proclamó a los cuatro vientos tener en sus manos el arma definitiva, el denominado por él mismo como Rayo de la Muerte. Tesla aseguraba que podría enviar un rayo electromagnético a centenares de kilómetros de distancia y que con él podría destruir todo lo que se encontrara a su paso. Tesla también dijo que esta arma podría partir la Tierra en dos como si fuera una manzana y se dedicó a enviar cartas a todos los líderes políticos del momento informando de su invento y diciendo que se lo daría a conocer solo si esta se utilizaba con fines benéficos y defensivos, nunca para atacar al contrario. Tras la negativa de todos ellos, el prestigio de Tesla fue mancillado y cayendo en el olvido más profundo.

Cuando su amigo Robert Peary intentaba coronar el Polo Norte, recibió una carta de Tesla diciendo que cuando él (Tesla) creyese que estaba próximo a su destino, le enviaría un Rayo de estos para poder demostrarle su existencia. Esto no tendría más importancia si Robert, casualmente,  acabaría cumpliendo su hazaña el mismo día que tuvo lugar la extraña explosión en Tunguska De todas formas Robert aseguró no haber visto nada ya que se encontraba a mucha distancia del lugar de la explosión.

Para acabar este pequeño artículo, aquí podéis ver un vídeo de la Tsar Bombe, una bomba de potencia similar a lo que pasó allí para que vean con sus ojos lo que ellos vieron.

 

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